Papel crítico 110

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IDAES-UNSAM & CONICET (Argentina)

Víctimas: debates sobre una condición contemporánea

Autores: Diego Zenobi (Comp.)

Páginas: 339

Editorial: TeseoPress, 2023

Ciudad: Buenos Aires

 

* Correspondence author / Correspondencia a: Andrés Scharager. Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (IDAES). Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Edificio Volta, Av. Pres. Roque Sáenz Peña 832, C1035AAQ Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) – ascharager@unsam.edu.ar – https://orcid.org/0000-0001-8217-6496.

ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026

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Creative Commons Atribución 4.0 Internacional

 

No es lo más habitual encontrarse con compilaciones que pongan en verdadero diálogo a todos sus capítulos bajo una determinada preocupación. Que les formulen interrogantes, les planteen desafíos y los inserten en una secuencia problemática. Que, más aún, los sometan a comentarios, revisiones y críticas que señalen sus aciertos pero también sus limitaciones.

Esta ambición —que es a su vez un método de trabajo— es una de las principales cualidades de Víctimas. Debates sobre una condición contemporánea, compilado por Diego Zenobi. Se trata de un libro que publica por primera vez en castellano una serie de trabajos surgidos en la academia francesa, cuyos autores son algunos de los principales referentes a nivel global sobre el tema. Y si bien la traducción de estos textos es una virtud en sí misma —dado que los vuelve accesibles al mundo hispanoparlante, ni más ni menos—, el volumen no se limita a ello. Por lo contrario, el editor lleva a cabo una auténtica curaduría. Por un lado, encuadra a los capítulos bajo el paraguas de un diagnóstico introductorio que propone emprender la lectura en función de ciertos interrogantes específicos. Por otro lado, los aglutina en secciones temáticas y, de manera intercalada, los somete a comentarios de especialistas (Sebastián Pereyra, María Victoria Pita, y Carolina Schillagi).

La primera sección del volumen reúne trabajos de Didier Fassin y Richard Rechtman. Desde distintos ángulos, estos textos reconstruyen cómo el trauma se fue convirtiendo en un clivaje central para el reconocimiento de las víctimas en el mundo contemporáneo. Y, puntualmente, sostienen que el afianzamiento de la noción de «trastorno por estrés postraumático» a partir de la década de 1980 no sólo desplazó la sospecha que históricamente recaía sobre las víctimas, sino que produjo un nuevo «régimen de verdad». Desde entonces —señalan los autores—, la legitimación de la condición de víctima quedó ligada a la certificación clínica del experto, y el trauma pasó de ser un signo de debilidad a convertirse en el punto de partida para la movilización y la exigencia de derechos.

Precisamente, la segunda sección del libro reúne trabajos de Stéphane Latté y de Cyril Lemieux y Jean-Paul Vilain que, desde ángulos complementarios, examinan las condiciones sociales que hacen posible que las víctimas se organicen colectivamente. Latté cuestiona la idea de que el acontecimiento dramático baste por sí mismo para generar movilización, mostrando en su lugar que las redes y disposiciones militantes previas siguen siendo determinantes —incluso en contextos de catástrofe—. Lemieux y Vilain, por su parte, abordan una pregunta distinta: no tanto qué moviliza a las víctimas, sino cómo ha cambiado históricamente el modo en que interpretan y procesan la desgracia que las afecta. Los autores describen el pasaje de un modelo interpretativo centrado en el infortunio o la fatalidad a una etapa en la que prima la exigencia de identificar responsabilidades humanas y obtener sanciones penales.

La tercera parte del libro se focaliza en el encuentro entre las víctimas y el derecho penal. Por un lado, Janine Barbot y Nicolas Dodier reconstruyen el debate normativo sobre qué lugar deben ocupar las víctimas en el proceso judicial, identificando distintos tipos de fundamentos jurídicos, políticos y filosóficos. Por otro lado, Sandrine Revet examina el caso de un juicio por una catástrofe natural para mostrar cómo opera la incorporación de la palabra de las víctimas y de qué modos esta logra transformarse en prueba jurídica. Con base en estos puntos de partida, ambos textos exploran la tensión que existe entre la faceta legal del proceso judicial (orientada a producir decisiones fundadas en el derecho) y la lógica moral de las víctimas (centrada en una búsqueda de reconocimiento del sufrimiento, aun si difícilmente pueda ser del todo satisfecha en el marco de un juicio).

La cuarta sección del volumen aborda la condición de víctima desde una perspectiva de largo alcance histórico y sociológico. Uno de los capítulos, escrito por Michel Wieviorka, muestra que el surgimiento de esta figura pública obedece a la convergencia de distintas transformaciones, como la protección de civiles en conflictos bélicos, el desarrollo del Estado de bienestar y la expansión de los movimientos feministas y las organizaciones humanitarias. En otro texto, Jean-Michel Chaumont toma el caso de los deportados judíos en la posguerra para examinar cómo un sujeto inicialmente estigmatizado —el sobreviviente, sospechoso de pasividad— se convierte en un sujeto socialmente valorado. En particular, el autor analiza cómo a partir de ello se desencadena una competencia entre distintos grupos sufrientes en pos del reconocimiento de su estatus de víctimas.

Por último, la quinta sección se sumerge en la pregunta más fundamental del libro: ¿cómo se produce una víctima? Tanto Yannick Barthe como Sandrine Lefranc y Lilian Mathieu coinciden en que la condición de víctima no es un dato que emana naturalmente del sufrimiento sino el resultado de un proceso social complejo, disputado y siempre contingente. Se trata de un proceso que involucra a una multiplicidad de actores —como abogados, médicos, psicólogos y diversas clases de científicos, entre otros— que participan activamente en la producción y legitimación social del estatus de víctima.

De este modo, el libro colectivo compilado por Zenobi va examinando la condición de víctima desde distintos ángulos analíticos. Y es precisamente esta multidimensionalidad la que va permitiendo desentrañar por qué —o hasta qué punto— podemos hablar de manera abstracta de «víctimas» en cuanto figura despojada de situaciones y problemas particulares.

Aunque para un público especializado la respuesta probablemente sea autoevidente, no es un asunto que carezca de importancia. De hecho, es habitual (incluso al interior del mundo académico) que la idea de «las víctimas» como campo de investigación en sí mismo genere extrañeza y repreguntas. Sobre todo «¿víctimas de qué?», como si sólo pudieran ser nombradas y pensadas en asociación con determinado hecho o clases de sucesos específicos (sean incendios, catástrofes naturales, incidentes viales, violencia de género o hechos de «inseguridad»). En definitiva, ¿existen realmente las víctimas en un sentido genérico? ¿Tiene acaso algún asidero hablar de «víctimas» por fuera de su inscripción específica en determinado acontecimiento? ¿En qué medida esta categoría habilita más de lo que obtura?

Sin proponérselo explícitamente, Víctimas ofrece una respuesta a estos interrogantes, mostrando cuáles son las regularidades que explican que esta figura vaya más allá de sus manifestaciones temáticas y episódicas (aun si su cristalización sólo es posible en temas y episodios). Con su compilación, Zenobi se alinea con otros trabajos que se ocupan de mostrar, y justificar, qué tienen en común una víctima de una tragedia ferroviaria en Buenos Aires con una víctima de un huracán en Nueva Orleans, o una víctima de un atentado terrorista en Madrid con una víctima de una inundación en Río de Janeiro. Y lo hace por medio de una serie de ejes de indagación que, en su conjunto, ilustran cuáles son los hilos invisibles que anudan hechos tan diferentes. El rol de los expertos en la producción, certificación y validación de las víctimas como tales, los factores que llevan a las víctimas a movilizarse y el papel del sufrimiento como factor de legitimación son —como repasábamos más arriba— algunas de las preocupaciones que estructuran el libro.

Sobre todo, el volumen destaca por su eclecticismo. A lo largo de sus más de 300 páginas, se enhebran distintas clases de literaturas especializadas: la sociología de la acción colectiva se entrelaza con debates de antropología jurídica, y la sociología del riesgo se combina con los estudios sobre expertos. Pero, además, los múltiples autores que dan forma a este libro traen a colación corpus teóricos de diversa índole: la teoría psicoanalítica, la teoría del derecho, la teoría de la movilización de recursos, la teoría del shock moral y la teoría social clásica —entre varias otras— nutren a los sucesivos capítulos conformando un mapa analítico plural que habilita diversas lecturas.

Pero ¿hay acaso una teoría de la víctima? ¿No es eso lo que, en definitiva, termina elaborando el libro compilado por Zenobi? Si la teoría es el resultado de un ejercicio de abstracción (y, por ende, generalización) que procura ofrecer marcos interpretativos para entender lo singular, Víctimas hace precisamente eso. Se trata de una apuesta por demostrar en qué consiste la figura de la víctima en cuanto emergente de una época, esto es, en cuanto fenómeno dotado de cierta previsibilidad —no por nada el compilador, interpretando lo que luego se desprende de los sucesivos capítulos, habla de ella como «condición»—.

Aun así, el libro rehúye a los simplismos y opta más bien por sembrar interrogantes sobre esta pretendida universalidad. Por un lado, el libro cuenta con un estudio introductorio en el que el propio Zenobi hace hincapié en el hecho de que la figura de la víctima ocupa un lugar social sumamente diferente en la Argentina con relación a Francia (de donde provienen los autores de los distintos capítulos). Mientras que en Europa (en especial en el caso francés) el protagonismo creciente de las víctimas en la escena pública fue recibido con desconfianza —siendo visto como una amenaza al orden institucional y jurídico establecido—, en América Latina ese mismo protagonismo estuvo históricamente asociado a los procesos de democratización. A este respecto, Zenobi señala que la figura de la víctima en Argentina cuenta con una singular legitimidad política y moral, a diferencia de Francia, donde la mirada crítica hacia las víctimas estuvo siempre más extendida.

Por otro lado, en pos de ahondar en estos diálogos, el libro ofrece extensos apartados al final de cada sección en los que especialistas argentinos elaboran comentarios sobre los sucesivos capítulos. A lo largo de estos aportes —cuya densidad probablemente hubiera ameritado que cuenten con un título por derecho propio—, Pereyra, Pita y Schillagi se abocan a reflexionar sobre las virtudes y los límites de los planteos de sus contrapartes franceses, señalando tanto las potencialidades de sus abordajes como también sus claroscuros.

En última instancia, quizás la mayor virtud de esta compilación sea la vocación reflexiva a la que invita, debido a que se trata —en definitiva— de un diálogo entre el editor, los autores de los capítulos y los comentaristas. Una conversación que no tiene un punto de llegada, sino que se asienta sobre la incomodidad de la pregunta abierta. Víctimas es, en ese sentido, una invitación a evitar los automatismos y abrir preguntas sobre una «condición» que sí, es indudablemente moral (como se sostiene desde el principio), pero no solamente: también debe ser entendida como una condición jurídica, política y, más aún, propiamente moderna. De ahí que el, al mismo tiempo que trata sobre las víctimas, el libro elabora el retrato de una época.