Papel crítico 108

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Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

De la biblioteca a la cultura popular. Santos culturales en los ámbitos vascos e ibéricos

Autores: Jon Kortazar y Aiora Sampedro

Páginas: 331

Editorial: Iberoamericana Vervuert, 2025

Ciudad: Madrid-Frankfurt am Main

 

* Correspondencia a / Correspondence to: Jon Zabala Olaguenaga. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. Facultad de Educación, Didáctica de la Lengua y Literatura. Barrio Sarriena, s/n, 48940 Leioa – jzabala056@ikasle.ehu.eus –https://orcid.org/0009-0007-1127-8365.

ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026

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Creative Commons Atribución 4.0 Internacional

 

«El hijo de un inmigrante italiano en Nueva York encontrará antepasados a los Padres Fundadores (...) demuestra que la nación se concibió desde el principio en la lengua, no en la sangre, y que podríamos ser ‘invitados a’ la comunidad imaginada» (Anderson, 1993, p. 205). Esa fue la explicación que dio Benedict Anderson al hablar del valor que tiene la lengua al construir una comunidad imaginada y eso es, en cierta medida, lo que Jon Kortazar y Aiora Sampedro pretenden mostrar en su libro De la biblioteca a la cultura popular. Santos culturales en los ámbitos vascos e ibéricos, obra publicada bajo el sello editorial de La Casa de la Riqueza. Estudios de Cultura Española. Mientras que Anderson habla de que la lengua es la propulsora de una comunidad imaginada, los diferentes investigadores del trabajo exponen la santificación de ciertos escritores, llegando a calificarlos de «santos culturales»; es decir, proponen la construcción del panteón de las comunidades imaginadas vascas e ibéricas. 

Se trata de un libro en el que se aúnan perspectivas de diferentes investigadores del ámbito vasco y del ibérico. Todo lo hacen bajo la metodología de Marijan Dovic´ y Jón Karl Helgason (2017), la cual presenta un paradigma de interpretación y de rastreo de los momentos en que pueden cimentar los pasos que sostienen y argumentan la santificación de los escritores. Para ello, analizan la Vita (biografía vital del autor), el Effectus (impacto cultural posterior) y el Cultus (prácticas de veneración cultural) de cada uno de los diferentes santos culturales que se exponen: Bizenta Mogel Elgezabal, José María Iparragirre, Esteban Urkiaga «Lauaxeta», Gabriel Aresti, Xabier Lete, Mikel Laboa, la familia Laxalt, Calderón de la Barca, Rosalía de Castro, Fernando Pessoa, Josep Pla y Joan Fuster. La metodología que se utiliza para diseccionar a los diferentes escritores permite descifrar qué tipo de roles cumplen dichas figuras y obras o cuáles deberían cumplir en nuestra sociedad, puesto que no todos los autores que se analizarán tienen el mismo peso cultural, lo cual también se analiza y se critica. 

Habiendo presentado al binomio que se encarga de la metodología, hay más investigadores que mencionar, ya que ese aporte es también crucial a la hora de asentar las bases teóricas de los diferentes análisis. En primer lugar, Itamar Even-Zohar (2007) muestra tres conceptos básicos: (i) aceptar el concepto amplio de literatura, (ii) el valor de la definición de literatura como cohesionador social y pegamento identitario de una comunidad y (iii) la consideración de que en la Europa del nacimiento de los nacionalismos existe la necesidad de poseer elementos «indispensables» que definen la nación. Igualmente, Anne-Marie Thiesse (2019) explica la idea del culto al escritor y su consagración del mismo como símbolo nacional contra el poder extranjero, analizando cómo pequeñas naciones identifican a un escritor como nacional para ser reconocidos cultural y políticamente. Es decir, la búsqueda de una identidad nacional. No se pueden olvidar tampoco a investigadores como Jaume Subirana (2018), Michael Billig (2014), Marcelo Topuzian (2018) o Enrique Santos Unamuno (2018), entre otros, ya que conceptos como nation building, nation branding, venalización o posliteratura serán clave para entender los diferentes análisis que se llevarán a cabo.

Una vez mencionadas las diferentes capas de análisis de esta obra, es imprescindible acercarse a los artículos que la completan. Se trata de una obra de gran valor educativo e intelectual sobre las diferentes figuras vascas e ibéricas previamente mencionadas. Su labor no se ciñe a la parte literaria, sino lo que su persona lleva a generar alrededor de ellos, un halo divino, o como se adjetiviza en esta obra, de santos culturales. Por lo tanto, los diferentes investigadores mostrarán con qué pleitesía o falta de ella se acercan a los escritores los diversos agentes.

Los capítulos dedicados a figuras centrales de la cultura vasca permiten observar distintos modelos y problemáticas del proceso de santificación cultural en un contexto diglósico y no hegemónico. A pesar de la diversidad de trayectorias y de épocas, todos ellos coinciden en mostrar que la santificación de estos autores no responde a un proceso lineal ni homogéneo, sino que depende de la interacción entre obra, usos posteriores, mediaciones sociales e intereses políticos.

En primer lugar, se mencionan los trabajos de Bizenta Mogel Elgezabal, José María Iparragirre y Esteban Urkiaga «Lauaxeta», que abordan la santificación cultural desde perspectivas diversas, poniendo de relieve tensiones entre reivindicación, apropiación simbólica y actualización contemporánea de estas figuras. En el artículo de Miren Gabantxo-Uriagereka se subraya el carácter reivindicativo y pionero de Bizenta Mogel, cuyo trabajo como traductora permitió situar el euskera en un plano de igualdad con lenguas hegemónicas como el latín o el castellano, dejando a un lado la connotación diglósica del euskera, además de consolidarla como referente para traductoras actuales. Por otro lado, el estudio de Karlos del Olmo sobre Iparragirre aplica de manera sistemática la metodología de Dóvic y Helgason para analizar la vita, opera, cultus y effectus, mostrando tanto la amplitud del legado cultural del bardo como los retos interpretativos a los que su figura ha debido someterse para adaptarse a los intereses y sensibilidades del siglo xx y xxi, como los análisis en el aspecto nacional y humano o las (re)lecturas y (re)visiones feministas del personaje histórico. En una línea distinta, aunque complementaria, Jon Kortazar pone de relieve las lecturas poliédricas de Lauaxeta, una figura cuya fuerte carga política ha propiciado lecturas y usos contrapuestos de su obra, convirtiendo su santificación cultural en un proceso especialmente conflictivo, transversal y abierto al debate, ya que partidos supuestamente opuestos lo utilizan en su proclama política.

Una dinámica diferente, aunque igualmente reveladora, se observa en los capítulos dedicados a Gabriel Aresti, que analizan su proceso de santificación desde perspectivas complementarias y transversales. Susana Jodra Llorente estudia el tránsito de su obra en el ámbito literario y en el espacio público y urbano, mostrando cómo un autor que nunca buscó la fama acabó convirtiéndose en un referente cultural ampliamente compartido e incluso en odónimo. Asimismo, José Antonio Morlesín Mellado se centra en la construcción del cultus a través de su traslado al cómic en Gabriel Aresti. Biografikoa de Adur Larrea. En este último caso, se da por asumido el estado de Aresti como santo cultural y se enfatiza una imagen más hagiográfica del poeta, en la que se acentúa su dimensión simbólica. En conjunto, ambos trabajos evidencian que la santificación de Aresti se produce por acumulación de prácticas, soportes y espacios culturales, más que por una reivindicación explícita de su figura.

El carácter relacional y problemático de la santificación cultural se hace aún más explícito en el análisis comparativo de Xabier Lete y Mikel Laboa realizado por Jon Martin-Etxebeste, donde se muestra que, más allá de la vita y el cultus, la existencia de mediadores o «mecenas» resultan indispensables para la consolidación del santo cultural. Esta reflexión se ve reforzada desde una óptica sociocultural en el capítulo de Alison Posey sobre la familia Laxalt, que desplaza el foco del autor individual hacia la gestión colectiva del legado literario. El análisis de las tensiones internas de los Laxalt en un contexto estadounidense complejo pone de manifiesto hasta qué punto el uso —acertado o erróneo— de una herencia simbólica condiciona la construcción y supervivencia de una figura pública, subrayando los efectos reales que la literatura puede producir en una sociedad y los riesgos que entraña depositar ese capital simbólico en manos inadecuadas.

Los capítulos dedicados a autores de las literaturas ibéricas permiten ampliar el marco de análisis y comprobar hasta qué punto el modelo de santificación cultural se ve condicionado por factores históricos, simbólicos y nacionales muy diversos. En estos casos, la relación entre vita, cultus y effectus aparece marcada por tensiones que van desde la apropiación externa hasta la resignificación conflictiva de figuras canónicas.

El artículo de Santiago Pérez Isasi sobre Calderón de la Barca constituye un ejemplo paradigmático de santificación cultural fallida, al mostrar cómo un cultus construido desde un marco inicialmente extranjero y atravesado por procesos de apropiación sesgada acaba distorsionando los effectus de la figura del autor. Este caso reivindica que la santificación no depende exclusivamente de la obra ni de la trayectoria vital del escritor, sino de las mediaciones históricas y simbólicas que gestionan su legado. Desde una perspectiva distinta, aunque complementaria, el estudio de Iolanda Ogando González sobre Rosalía de Castro evidencia la plasticidad del proceso de santificación cultural, analizando cómo la figura de la poetisa ha sido resignificada en función de contextos históricos cambiantes, desde su caracterización como «santa mujer» hasta su consolidación como símbolo del nacionalismo gallego. En este caso, lejos de erosionar su figura, la variabilidad del cultus refuerza la solidez simbólica de Rosalía y su capacidad de generar nuevas lecturas.

Una problemática diferente se observa en los capítulos dedicados a Fernando Pessoa, Josep Pla y Joan Fuster, donde la santificación cultural se vincula a procesos de tensión con los modelos nacionales hegemónicos. En el caso de Pessoa, Antonio Sáez Delgado muestra cómo un autor mayoritariamente póstumo y cuasinédito logra convertirse en «autor-nación» gracias a un potencial simbólico excepcional, articulado en torno a la heteronimia y a una escritura modernista capaz de aglutinar un imaginario colectivo complejo. Por su parte, Jesús Revelles Esquirol analiza la trayectoria de Josep Pla como un proceso de santificación paradójico, ya que este escritor trató de hacer literatura, en contra de lo que gran parte de su generación dictaminaba. En consecuencia, su capacidad de crear una forma de expresar la visión que él tenía del mundo le llevó a consolidar su literatura como parte de la comunidad imaginada catalana pese a las resistencias políticas y estéticas. Uniéndose así al panteón de los mayores literatos de lengua catalana y española. Esta dimensión conflictiva se refuerza en el estudio de Bernat Padró Nieto sobre Joan Fuster, presentado como un heresiarca cultural cuya santificación se produce precisamente desde la disidencia y la apatridia simbólica, al interpelar a una nación cultural que para muchos es inexistente o minoritaria. En conjunto, estos casos ponen de manifiesto que la santificación cultural puede surgir tanto del consenso como del conflicto, y que su estabilidad depende menos de la voluntad del autor que las disputas interpretativas que su figura genera a lo largo del tiempo.

El análisis de los santos culturales se debe seguir trabajando y analizando, ya que en las diferentes literaturas ibéricas y la vasca existen más autores con cualidades para poder ostentar ese título: Mercé Redoreda (literatura catalana), Alfonso Rodríguez Castelao (literatura gallega), Federico García Lorca (literatura española) y, en el campo que más me compete, que es el de la literatura vasca, Bernart Etxepare o Domingo Aguirre, entre otros, y que aún vivan, Bernardo Atxaga, Ramón Saizarbitoria o Itxaro Borda. Además, incluso sería interesante el análisis de aquellas figuras que se han ido calificando como antitéticas del concepto de santos culturales, véase en el ámbito vasco, el caso de Jon Mirande, cuya santificación es complicada a nivel institucional. Es más, ya hay trabajos que se dedican al análisis de dicha figura, como es el caso de: Schopenhauer, Nietzsche, Spengler, Miranderen pentsamenduan (Azurmendi, 1989), Zer egin Miranderekin? (Leone, Dolhare y Bereziartua, 2025) o Mirande, herriminez, ezin-minez (Soto, 2025), entre otros. El análisis de los diferentes aspectos de los santos culturales nos permite ahondar en los diferentes intereses sociales e institucionales de cada época, permitiendo analizar no solo el ruido, sino también los silencios.

En resumen, el libro editado por Jon Kortazar y Aiora Sampedro permite descubrir la faceta de diferentes autores que, la mayoría, excepto Calderón de la Barca y Fernando Pessoa, han vivido en un contexto diglósico y no hegemónico, lo que los ha llevado a tener que luchar por su identidad y cosmovisión. Aunque cada uno haya tenido que hacerlo desde un prisma diferente, las bases y los objetivos han sido muy parejos, dando a entender que una visión jacobina; es decir, centralista, monolingüe y homogeneizadora del mundo o de Europa y, sobre todo, para la península ibérica lo cual no es algo conciliable. Es por ello por lo que la creación de estos santos culturales es tan primordial para la defensa y mantenimiento de las lenguas y culturas no hegemónicas de la península ibérica. Dado que toda lengua transporta una forma de entender y ver el mundo y la destrucción de esta, es un daño irreparable a la psique de las diversas comunidades imaginarias de los dos países pertenecientes a la península ibérica.

Referencias

Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Editorial Fondo de cultura Económica.

Azurmendi, J. (1989). Schopenhauer, Nietzsche, Spengler, Miranderen pentsamenduan. Susa.

Billig, M. (2014). Nacionalismo banal. Capitán Swing.

Dovic´, M., y Helgason, J. K. (2017). National Poets, Cultural Saints. Camamization and Commemorative Cults of Writers in Europe. Brill.

Dovic´, M., y Helgason, J. K. (2019). Great Immortality: Studies on Cultural Sainthood. Brill.

Even-Zohar, I. (2007). La función de la literatura en la creación de las naciones de Europa. Polisistemas de Cultura, 357-377.

Leone, S., Dolhare, K., y Bereziartua, G. (2025). Zer egin Miranderekin? Alberdaina patrika.

Santos Unamuno, E. (2018). La literatura como patrimonio: del Nation Building al Nation Branding. Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 4, 116-137.

Soto, M. (2025). Mirande, herriminez, ezin-minez. Elkar.

Subirana, J. (2018). Construir con palabras. Escritores, literatura e identidad en Cataluña (1859-2019). Cátedra.

Thiesse, A. M. (2019). La fabrique de l’ecrivain national. Entre litterature et politique. Gallimard.

Topuzian, M. (2018). Presentación: Literatura y Estado. Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 4, 1-8.