Papel crítico 107

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Universidad de Nebrija

Fascismo tardío. Raza, capitalismo y las políticas de crisis

Autores: Alberto Toscano

Páginas: 216

Editorial: Akal, 2025

Ciudad: Madrid

 

* Correspondencia a / Correspondence to: David del Pino. Universidad Nebrija, Facultad de Comunicación y Artes, Departamento de Comunicación. Paseo de S. Francisco de Sales, 48, 28003, Madrid – dpino@nebrija.es – https://orcid.org/0000-0003-1860-8658.

ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026

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Creative Commons Atribución 4.0 Internacional

 

En el escenario político contemporáneo, atravesado por la consolidación de partidos de extrema derecha en todo el mundo y por la complejidad conceptual a la hora de describir sus formas y discursos, Fascismo tardío, de Alberto Toscano, plantea una intervención teórica tan necesaria como incómoda. Lejos de limitarse a diagnosticar un retorno del pasado bajo nuevas máscaras, este libro se adentra en una indagación crítica sobre los modos en que el concepto de fascismo ha sido heredado, movilizado y disputado en el presente. A lo largo de una lectura minuciosa, rica y matizada de las tradiciones teóricas que, a lo largo del siglo xx, intentaron comprender este fenómeno, Toscano somete a examen tanto la pertinencia de sus categorías como los efectos políticos de su uso en la actualidad. El resultado es una reflexión que desplaza la pregunta desde la identificación inmediata de fascismo hacia las condiciones históricas, estratégicas y conceptuales que hacen posible su resurgimiento en nuestra coyuntura histórica.

Según Toscano, nos sentimos tentados a realizar un análisis de las extremas derechas en la contemporaneidad en forma de analogía histórica. En lugar de tratar al fascismo como un acontecimiento singular y único, habría que entenderlo dentro de la totalidad de su proceso, es decir, implica acercarse al fascismo desde una mirada más amplia que incluya las dinámicas políticas e históricas que preceden al momento de su nombramiento. El desarrollo de este libro supondrá el esclarecimiento de un conjunto de dinámicas políticas asociadas con la dominación capitalista que tienden a declinarse o variar según los contextos socioeconómicos e históricos. De aquí se deriva la importancia que supone entender el concepto de fascismo tardío como una forma de nombrar un problema que está sujeto a la dominación capitalista y que puede aparecer con diversas máscaras en función de los contextos.

El libro está dividido en un breve prefacio, siente capítulos y en unas breves notas finales. En el primer capítulo (pp. 15-43), Toscano indaga en la productividad -y en los límites- de algunas teorías filosóficas sobre el fascismo elaboradas en el siglo xx para comprender las configuraciones actuales de la reacción. El autor parte de una constatación fundamental: si hoy tiene sentido hablar de fascismo, se trata de una forma profundamente transformada, desvinculada en gran medida de la movilización de masas y de la promesa utópica que caracterizaron su irrupción clásica. El fascismo contemporáneo aparece así despojado de la densidad temporal que autores como Bloch (2019) o Bataille (2025) identificaron en el periodo de entreguerras, aunque conserva elementos persistentes como la fantasía de regeneración nacional-racial y una retórica de clase distorsionada que circula sin un anclaje real sólido.

En este marco, Toscano recupera los debates marxistas de entreguerras que abordaron el fascismo como una respuesta de las élites a crisis estructurales del capitalismo, subrayando tanto la relación entre economía y política como las tensiones que introdujo al afirmar la autonomía violenta de lo político. La lectura de Ernst Bloch ocupa aquí un lugar central. Su concepción del fascismo como una promesa utópica invertida permite captar la capacidad de este fenómeno para movilizar deseos, afectos y expectativas ancladas en diversas temporalidades respecto del ritmo racionalizador del capitalismo moderno. Bloch identificó cómo amplios sectores sociales vivían atravesados por pasados inconclusos y futuros frustrados, lo que los hacía especialmente permeables a discursos reaccionarios que reactivaban, de forma mitificada, experiencias de pérdida y resentimiento.

En palabras del autor: «En un sentido a la vez social y psíquico, la coyuntura política estaba desgarrada entre el ahora antagonista e inconcluso del conflicto capitalista y los pasados incompletos que se colaban por sus intersticios» (p. 21).

Además, cabe señalar la forma en la que Toscano recupera la obra de Theodor Adorno, cuya reflexión sobre las formas protofascistas en el periodo de posguerra resultan particularmente interesantes para el presente. Para Adorno, estas formas protofascistas existentes en la sociedad de entreguerras surgen como consecuencia de una estructura psíquica y emocional profundamente atravesada por la desorientación y la sensación de un individuo humillado ante una totalidad que no comprendía, que sufría en sus carnes en forma de precariedad, paro o violencia sistémica, pero que no era capaz de comprender.

Frente a las teorías que entendían el fascismo como un fenómeno ligado a una situación revolucionaria, Adorno lo analiza como una respuesta a la crisis de la individualidad burguesa y a la vivencia de impotencia frente a totalidades sociales opacas. Su atención al vínculo libidinal que articula la adhesión fascista permite pensar la persistencia de afectos autoritarios en contextos formalmente posfascistas. Así, Toscano entiende que autores como Bloch, Bataille y Adorno no señalan modelos explicativos cerrados, ya que ofrecen una caja de herramientas rica para iluminar las transformaciones psíquicas y políticas que articulan el nervio de las ultraderechas hoy en día.

En el segundo capítulo (pp.45-77) se desplaza el eje de la reflexión hacia las tradiciones intelectuales radicales negras, poniendo especialmente el foco en su papel temprano en la problematización del fascismo más allá del marco europeo. Entre los principales autores que se enmarcan en las tradiciones intelectuales radicales negras y sus singularidades intelectuales cabe destacar al pensador y activista panafricanista, George Padmore, donde en su texto How Britain Rules Africa (Schwartz, 2003), señala que el racismo propio del colonialismo fue el caldo de cultivo del tipo de mentalidad fascista que se desarrolló en Europa en los años 20 y 30 del siglo xx.

En este sentido, Toscano muestra cómo, antes de que la violencia nazi fuera concebida como una anomalía histórica sin precedentes, el pensamiento negro había señalado su continuidad con procesos de larga duración como el colonialismo, la esclavitud racial y las formas de desposesión propias del capitalismo de asentamiento. Mirarlo desde este punto de vista evita leer el fascismo como una excepción radical, inscribiéndolo en genealogías de violencia racial estructural que atraviesan la modernidad capitalista.

Desde este prisma, el fascismo tardío aparece caracterizado como una ideología de la crisis, articulada en torno a narrativas victimistas y revanchistas que canalizan el malestar material y la inseguridad social hacia imaginarios raciales de amenaza y restauración. Toscano subraya que la extrema derecha contemporánea no reproduce de forma homogénea los modelos históricos del fascismo, sino que opera como una constelación flexible de discursos y estrategias que combina elementos neoliberales con nostalgias obreras y retóricas antiglobalización.

Es interesante en este punto reproducir las palabras de Toscano:

«Si una de las marcas distintivas del fascismo como una política de dominación interclasista —lo que aquí he denominado su pluralismo— es la amalgama cínica de aspiraciones contradictorias, una fusión fatua pero fatal de las diferencias, entonces una apropiación creativa de las tradiciones antifascistas y antiautoritarias hoy en día requerirá, por fuerza, trabajar el hecho de que la dominación no se experimente de manera homogénea. Sólo sobre este telón de fondo podríamos también trabajar políticamente para rearticular nuestras conexiones» (p. 77).

Continuando, en el tercer capítulo (pp. 79-110) se aborda uno de los elementos más relevantes de la obra: la interrelación y cercanía entre el libertarismo y el fascismo. Toscano parte de una dificultad: pensar el fascismo en un contexto histórico que sigue describiéndose como neoliberal. Frente a la idea heredada de que los fascismos históricos se definieron por un rechazo frontal de la libertad liberal y por una exaltación absoluta del Estado, el capítulo problematiza esta lectura, mostrando abiertamente que tanto el fascismo como el liberalismo han mantenido una relación más complicada, ambigua y conflictiva de lo que se ha pensado. En gran medida, la manera de comprender la relación tortuosa entre la libertad liberal y el auge del fascismo, como si este último se contrapusiera al liberalismo se puede rastrear en el texto presentado por quien fuera ministro de Educación en los dos primeros años de Mussolini, Giovanni Gentile, y autor de La doctrina del fascismo, donde se señala que este sería algo así como un proyecto de Estadolatría (Payne, 2014), o dicho de otro modo, un proyecto histórico donde el Estado ocupa todas las dimensiones de la vida del individuo, invalidando la libertad liberal, tesis que también encontramos en el famoso texto de Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo (2006).

El autor sostiene en este capítulo la manera en la que algunas acepciones del término libertad no fueron ajenas al desarrollo de los fascismos históricos. Esta perspectiva obliga a abandonar la imagen del fascismo como una pura «estadolatría» burocrática y monolítica, así como la idea del liberalismo como sinónimo exclusivo de limitación del poder estatal. En palabras del autor: «Deshacer nuestro sentido común sobre el lugar de la libertad y del Estado en las formaciones fascistas puede también allanar el camino a una comprensión más matizada de las potencialidades fascistas dentro del neoliberalismo y cómo estas pueden sembrarse mediante las visiones racializadas del orden capitalista» (p. 81).

Así, la extrema derecha contemporánea aparece como una formación híbrida: combina un antiestatalismo estratégico dirigido contra políticas redistributivas o regulaciones sociales con una adhesión intensa a las funciones represivas y excluyentes del Estado. El fascismo tardío se define como una posición crítica contra algunas facetas del momento neoliberal: «Este fascismo tardío, que viene después de las profecías vacías sobre la neutralización neoliberal de lo político, es una especie de afirmación reflexiva o de segundo orden del sustrato autoritario del neoliberalismo» (p.109).

Por otro lado, en el cuarto capítulo (pp. 111-134) se presentan las formas en que la política fascista se erige como respuesta frente a las abstracciones propias del capitalismo moderno. El fascismo aparece así atravesado por una hostilidad persistente hacia lo abstracto. Para desarrollar estos argumentos, Toscano se apoya principalmente en las reflexiones de Adorno. Para el pensador alemán, el fascismo es entendido como una respuesta psíquica y política a la opacidad estructural del capitalismo, es decir, a la dificultad de los individuos para situarse cognitivamente dentro de un sistema social cuya totalidad se les escapa. Esta desorientación no es solo subjetiva, pues remite a condiciones materiales que producen una alienación real del poder capitalista.

La abstracción propia del sistema de producción capitalista tiende generalizadamente a producir desorientación, donde la experiencia social y psíquica se funden en un contexto marcado por la erosión de la autonomía individual. En el fascismo tardío esta situación se ve intensificada por el desarrollo tecnológico que refuerza la sensación de orfandad y zozobra social.

«La persistencia del fascismo dentro de la democracia es, por lo tanto, una cuestión de la abstracción real del capitalismo, en cuanto está mediada por la psicología de masas. Adorno entiende que hay una íntima solidaridad entre la internacionalización de la incapacidad transmitida por una ideología individualista dominante y las fantasías colectivas compensatorias que acaban por cumplirse en los movimientos fascistas» (pp. 126-127).

Llegados a este punto se hace indispensable cartografiar las relaciones entre fascismo y temporalidad o, dicho de otra manera, entre fascismo e idealización del pasado. En el quinto capítulo (pp. 135-159), se diferencia entre las condiciones históricas que hacen posible la emergencia del fascismo, las experiencias temporales que estructuran sus imaginarios políticos y una temporalidad específica que le es propia como forma ideológica. Esta tripartición permite situar el fascismo, en primer lugar, como una respuesta a coyunturas de crisis social y económica, en las que se percibe un bloqueo histórico o un interregno político.

En relación con otras investigaciones como el texto de Jeffrey Herf (1990) El modernismo reaccionario, Toscano muestra cómo los proyectos fascistas articulan una combinación inestable de arcaísmo y futurismo, donde el presente es representado como tiempo en decadencia. Esta lógica permite al fascismo dirigirse a públicos heterogéneos, movilizando registros temporales diversos. En este sentido, el fascismo histórico supo convertir la incoherencia temporal en un recurso político, transformando la contradicción entre pasado y futuro en energía movilizadora.

En la parte final del capítulo se advierte cómo las extremas derechas contemporáneas más que proyectar un futuro nuevo, se orientan hacia la restauración de seguridades perdidas asociadas a restos idealizados de la modernidad de posguerra. Presentan una máscara más conservadora que revolucionaria y se adaptan al contexto donde impera una estructura de sentimiento marcado por la nostalgia, el resentimiento y un malestar generalizado.

En este sentido, para Toscano, el tiempo histórico de la fascistización contemporánea es, en líneas generales, relajado y distendido, más conservador que revolucionario en sus fantasías y propósitos. Lo interesante aquí estriba en que a diferencia de los fascismos clásicos que se presentaban como revolucionarios, donde se buscaba un futuro caracterizado por lo sublime de la nación y la raza, los partidos de extrema derecha en nuestro presente, a pesar de la nostalgia que procesan y la búsqueda de un regreso arcaico, se anclan en los restos de la posguerra, en las certezas y seguridades del industrialismo en Europa, allí donde paradójicamente fue derrotado el fascismo.

Por último, en el sexto (pp. 161-181) y séptimo capítulo (pp. 183-210) se sostiene que teorizar el nexo entre fascismo y eros es hoy una tarea urgente, en la medida en que las redes contemporáneas de la reacción se organizan en torno a la supuesta amenaza que representan las disidencias sexuales y de género. Para pensar estas transformaciones, Toscano retoma las intuiciones de Foucault y Guattari sobre las formas posbélicas del fascismo, entendidas no como simples reediciones de los totalitarismos de entreguerras, sino como configuraciones dispersas, capilares y normalizadas. El fascismo aparece como una promesa de orden frente a una crisis percibida como total, que abarca no solo lo social y lo económico, sino también lo estético, lo afectivo y lo corporal.

Así pues, el fascismo tardío se presenta como una oferta libidinal y como una reacción ansiosa frente a la desestabilización de normas sexuales y familiares. En este orden, las llamadas «guerras culturales» aparecen como uno de los principales terrenos en los que se organiza hoy la energía afectiva y movilizadora de la extrema derecha.

En un sentido global, el fascismo tardío es una propuesta teórica que concibe el fascismo no como una forma política cerrada, sino como un proceso dinámico que acecha a sociedades atravesadas por crisis. Esta aproximación permite a Toscano articular una comprensión del fascismo como una política antiemancipadora, sin reducirla a definiciones rígidas. El recorrido del libro pone de relieve cómo las formas históricas del fascismo se apoyan en genealogías más amplias de violencia colonial, racial y capitalista.

Este libro no solo ilumina los peligros del presente, también plantea un desafío político de larga duración para quienes buscan pensar y practicar un antifascismo a la altura de nuestros tiempos.

Referencias

Arendt, H. (2006). Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial.

Bataille, G. (2025). La estructura psicológica del fascismo. Fondo de Cultura Económica.

Bloch, E. (2019). Herencia de esta época. Tecnos.

Herf, J. (1990). El modernismo reaccionario. Tecnología, cultura y política en Weimar y el Tercer Reich. Fondo de Cultura Económica.

Payne, S. (2014). El fascismo. Alianza Editorial.

Schwartz, B. (2003). West Indian Intellectuals in Britain. Manchester University Press.