Marginalidad, marginación, marginales
Marginality, marginalized, marginalization
Universidad de la República (Uruguay)
|
Palabras clave Marginalidad |
Resumen: A través de algunos recorridos posibles entre Estados Unidos, Europa y Latinoamérica en el último siglo se procura un repaso de algunos usos de la noción de marginalidad, aparentemente sencilla pero llena de matices, fecunda y esquiva. Queda de relieve que se pone en juego un conjunto relativamente acotado de sujetos (migrantes, trabajadores desclasados, sectores tradicionales, personas afrodescendientes, habitantes de periferias, presos, personas en situación de calle) y de relaciones sociales (económicas, de raza, de género, así como la interseccionalidad entre ellas); distintas dimensiones (culturales, sociales, políticas, urbanas, violencia); y finalmente se establecen algunos contrastes con conceptos con un aire de familia (exclusión, periferias, underclass), de los que se distingue en tanto la marginalidad parece escamotear su carácter relacional y al actor que margina: hay «marginales» pero no queda claro el otro lado de la polaridad. En cierto retorno se defiende el interés de la noción en términos formales, concentrada en la «forma frontera», donde se establece el límite cada vez entre aquí y allí, unos y otros, y se advierten algunos riesgos que acechan el debate desde los primeros pasos del recorrido: la captura de «identidades marginales» de uno u otro tipo, hipostasiando su carácter relacional. |
|
Keywords Marginality |
Abstract: Through some possible routes between the United States, Europe, and Latin America over the last century, this paper attempts to review some uses of the seemingly simple but nuanced, fruitful, and elusive notion of marginality. It is highlighted that a relatively limited set of subjects (migrants, declassed workers, traditional sectors, people of African descent, residents of peripheral areas, prisoners, and the homeless) and social relations (economic, racial, gender, and the intersectionality between them); dimensions (cultural, social, political, urban, and violence) are at stake; and, finally, some contrasts are established with concepts that have a family resemblance (exclusion, peripheries, underclass), from which marginality is distinguished in that it seems to conceal its relational nature and the actor who marginalizes: there are «marginals», but the other side of the polarity is not clear. In a certain return, the interest of the notion in formal terms is defended, concentrated in the «border form», where each time the limit is established between here and there, some and others, and some risks are noted that lurk in the debate from the first steps of the journey: the capture of «marginal identities» of one kind or another, hypostatizing their relational nature. |
|
Hitz gakoak Marjinalitatea |
Laburpena: Ibilbide posible zenbait eginez azken mendeko Estatu Batuen, Europaren eta Latinoamerikaren artean, artikulu honek itxuraz sinplea baina ñabarduraz betea, emankorra eta itzurkorra den marjinalitate nozioaren erabilera batzuk aztertzen ditu. Agerian geratzen da tartean daudela subjektu multzo mugatu samar bat (migratzaileak, klasea galdutako langileak, sektore tradizionalak, afro-ondorengoak, periferietako biztanleak, presoak, kaleko egoeran dauden pertsonak) eta gizarte-harreman batzuk (ekonomikoak, arrazan eta generoan oinarritutakoak, eta horien arteko intersekzionalitatea), baita hainbat alderdi ere (kulturalak, sozialak, politikoak, hirikoak, indarkeria). Azkenik, zenbait kontraste ezartzen dira oso gertuko diruditen kontzeptuekin (bazterketa, periferiak, underclass), zeren marjinalitatea haietatik bereizten baita bere izaera erlazionala eta marjinazio-eragilea itxuraz estaltzen dituen aldetik: «marjinalak» daude, baina ez da argi geratzen nor dagoen polaritatearen beste aldean. Nolabaiteko itzuleran, defendatzen da nozioak interesa duela termino formaletan, «muga gisa» ardaztuta, aldiro ezartzen baita muga hangoen eta hemengoen artean, batzuen eta besteen artean; eta ibilbidearen lehen urratsetatik eztabaida eragiten duten arrisku batzuk ere aipatzen dira: mota bateko edo besteko «identitate marjinalak» atzematea, haien izaera erlazionala hipostasiatuz. |
* Correspondencia a / Correspondence to: Sebastián Aguiar. Universidad de la República. Departamento de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales. Departamento de Sociología y Antropología. Constituyente 1502, Montevideo, Uruguay – sebastian.aguiar@cienciassociales.edu.uy – https://orcid.org/0000-0002-5659-2135.
Cómo citar / How to cite: Aguiar, Sebastián (2026). «Marginalidad, marginación, marginales». Papeles de Identidad. Contar la investigación de frontera, vol. 2026/1, heredada 17, 1-10. (https://doi.org/10.1387/pceic.27919).
Fecha de recepción: octubre, 2025 / Fecha aceptación: noviembre, 2025.
ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026
Esta obra está bajo una licencia
Creative Commons Atribución 4.0 Internacional
El 26 de julio de 2025 el diario El País publicaba una crónica titulada «El único autobús que conecta Madrid con la marginalidad»[1]. Sorprende el uso de la palabra marginalidad, como si el autobús fuera un fino hilo, un puente, un portal hacia afuera.
Se trata de una línea con un recorrido de diez minutos, en realidad dentro de la ciudad, que conecta Vallecas con un poblado de chabolas (una villa, un asentamiento irregular, la ciudad informal). La nota es relativamente breve y se concentra en una figura, el Portu, que trabaja comprando tiques para el autobús en grandes cantidades, revendiéndolos un poco más baratos y ganando con el descuento; también administra los conflictos en la estación, permite pasar a veces a yonkis sin pagar, supervisa lo que sucede. Funciona un poco como el demonio de Maxwell o como Caronte o Cancerbero, cada uno cuidando de las fronteras a su manera.
Escribe la nota un periodista, David Expósito, a quien no conozco. Sus siguientes publicaciones, dos en agosto, son también crónicas sobre el afuera: una sobre dónde fueron a parar las personas sin hogar que vivían en Barajas[2], la última sobre familiares de presos que van a visitarlos a la cárcel[3]. Podríamos decir que continúa trabajando sobre el asunto de la marginalidad, sobre temas que parecen estar fuera de la ciudad. Y que en los tres casos hay en juego medios de transporte, autobuses o aviones, medios de transporte entre el aquí y el allá, el interior y el exterior.
* * *
La marginalidad es a la vez algo sencillo y complicado. Todas y todos sabemos intuitivamente a qué se apunta, a qué se refiere cuando se usa para personas o grupos: identidades no integradas, disfuncionales, problemáticas en términos sociales o (/y) culturales, urbanos, económicos. Es una palabra común, título de varias películas, algunas clásicas como en la que Belmondo es El marginal (1983), un policía que actúa en el margen de la ley y que es muy borde. Una situación similar, pero a la vez distinta a la de O marginal en Brasil (1974), protagonizada por un hombre que sale de prisión. Este siglo, en Francia, la película La marginal (2021) cuenta la historia de una compleja pero simpática mujer en situación de calle; en Argentina, la serie El marginal (2016) cuenta la de periferias y cárcel, con moralidades ubicuas, decisiones urgentes. Todas y todos ellos antihéroes, que chocan con el sistema e indican que lo marginal también puede tener su encanto. Así, pienso en la banda punk estadounidense Marginal man (y su disco Identity, de 1984) o el contracultural y nihilista Cinema Marginal de principios de los 70 en Brasil.
Como concepto en ciencias sociales tiene varias historias y algunos sentidos bien definidos, por ejemplo, en microeconomía el rendimiento marginal: lo que aumenta agregar un insumo, trabajador o máquina, a la producción total. Pero mayormente los usos son más difusos, como en estratificación social, en sociología de la cultura y en los estudios urbanos. Es que es además una noción compleja[4]: la marginalidad abstrae en idea el hecho de marginar, cristaliza y se consolida en el resultado de marginados, todo esto tras un fenómeno, la marginación, que es simultáneamente acción y efecto, un sustantivo deverbal.
* * *
En 1928, Robert Park, uno de los principales referentes de la Escuela de sociología de Chicago publicaba «Human migrations and the marginal man». Desde su perspectiva la marginalidad es la situación propia del emigrante, de quien viene de fuera y conserva en su interior huellas del otro lugar y el desafío de incorporar el nuevo. Piensa que, en esa mixtura, ese encuentro, yacen a la vez un cierto desajuste y un potencial civilizatorio. Culmina diciendo:
«Es en la mente del hombre marginal donde la confusión moral que ocasionan los nuevos contactos culturales se muestra bajo las formas más obvias. Y es ahí, en la mente del hombre marginal —por la que avanzan los cambios y las fusiones culturales— donde mejor podemos estudiar los procesos de civilización y de progreso.» (p. 893).
Hay varios aspectos que pueden destacarse de ese breve artículo. En particular que la marginalidad se sitúa como un fenómeno propio de la cultura, cultural. Habría una marginalidad dada por la interconexión entre el adentro, la personalidad, y el afuera, la cultura. También, que una figura típica de la marginalidad sería el inmigrante, algunos de ellos. Además, que parecería ser un fenómeno que porta, que inviste el llegado de afuera, el hombre (la mujer, la persona) marginal.
Como es sabido la Escuela de Sociología de Chicago continúa vigente. Sus trabajos más relevantes en la actualidad se concentran en el «efecto vecindario», buscando comprender el «desorden» y la «desorganización» urbanos (Sampson, 2011): continúan elaborando en torno a la marginalidad.
* * *
Como en varios de los textos fundacionales de la Escuela de Chicago los momentos más fecundos del artículo de Park son los que refieren explícitamente al trabajo de George Simmel (1908/2014). El sociólogo alemán es fundamental para la comprensión de la marginalidad. De una parte, por sus trabajos sobre «El extraño» que como retoma Park refiere a quienes vienen de afuera, dispuestos a quedarse, a quienes son miembros de un sistema, pero no están fuertemente apegados a él. De otra parte, por su discusión sobre «La frontera», que mucho más allá o más acá de la dimensión geográfica refiere a la distancia social, a los bordes, móviles, siempre socialmente definidos. Finalmente, por su acercamiento «formal» a la sociología. Más allá de los contenidos, de los casos, las situaciones, las fronteras funcionan siempre de manera análoga, con un aquí y un allá, un adentro y un afuera, y un borde donde suelen suceder conflictos. En particular, el énfasis de Simmel en las relaciones sociales permite poner de relieve que la marginalidad no se trata de una situación aislada, sino de un fenómeno relacional: no hay aquí sin allí, fuera sin dentro. Y todo ello, siempre, en torno a una frontera, un margen, un límite.
* * *
En América Latina la discusión sobre la marginalidad tiene, valga la aparente contradicción, una extraordinaria centralidad. El debate en torno al concepto es uno de los más importantes del siglo pasado en las ciencias sociales locales, con dos grandes perspectivas enfrentadas una de tono culturalista y otra económica. Uno de los fundadores de la sociología argentina, Gino Germani, hizo de la noción una de sus enseñas en su análisis de la modernización social. En El concepto de marginalidad (1980), enfatiza la coexistencia de elementos modernos y tradicionales en la sociedad latinoamericana, distingue tipos, grados o dimensiones de marginalidad: económica, política, cultural, a veces superpuestos, y afirma que cuanto más de esos tipos se acumulen más aguda es la marginación. Además, la marginalidad sería un estadio, un momento, una situación que puede y suele superarse, parte de un proceso de modernización urbana. Suele asociarse esta perspectiva a los análisis de la cultura de la pobreza, los modos de vida propios de las personas marginales, conductas desviadas con dificultades para insertarse de manera dinámica en la sociedad.
En cambio, en los años sesenta, de la mano de enfoques marxistas, la marginalidad pasa a ser interpretada como resultado del capitalismo, que precisaría en América latina como resultado de los procesos mundiales de acumulación, una «masa marginal» excedente, sin relaciones funcionales —como las del proletariado— con el sistema de producción. Desde José Nun (2001) en Argentina al peruano Aníbal Quijano (1966) coinciden en este señalamiento que pone de relieve la relación entre la posición dependiente postcolonial de América Latina en el concierto global, los procesos locales de acumulación y la producción de esa masa marginal. Esta perspectiva se apoya en economistas como Raúl Prebisch (2014) y Gunnar Myrdal (1996), que plantean que existe una dinámica de acumulación incluyente en los «centros» ya sean nacionales o internacionales, que se contrapone a una dinámica excluyente en las «periferias», a costa de la cual los centros continúan creciendo.
* * *
Nuevamente en Estados Unidos, otra perspectiva confluye en el debate, con un título ajustado a la conversación: «Teoría feminista: de los márgenes al centro» (hooks, 1987/2020). El libro comienza diciendo:
«Estar al margen es ser parte del todo, pero fuera del cuerpo principal. Para los norteamericanos negros que vivíamos en una pequeña ciudad de Kentucky, las vías del tren eran un recordatorio diario de nuestra marginalidad. Al otro lado de las vías las calles estaban pavimentadas, había tiendas en las que no podíamos entrar, restaurantes en los que no podíamos comer y personas a las que no podíamos mirar directamente a la cara. Al otro lado de las vías, había un mundo en el que podíamos trabajar como criadas, conserjes, prostitutas, siempre que fuera en régimen de servidumbre. Podíamos entrar en ese mundo, pero no podíamos vivir en él. Teníamos siempre que regresar al margen, al otro lado de las vías, a las cabañas y las casas en ruinas del borde de la ciudad.» (1987, p. 23)
hooks pone de relieve un concepto central en la actualidad, el de interseccionalidad, que implica por una parte que existen distintas formas de exclusión en varios sentidos equivalentes: racial, económica, de género; y, de otra parte, que el solapamiento de esas distintas formas de marginalidad, en lugar de solo agregarlas, las exponencia.
* * *
A finales de los años 90, en Francia, puede situarse otro ángulo fecundo sobre el asunto. De una parte, el trabajo de Robert Castel (1995) sobre la metamorfosis de la cuestión social, que como es sabido se concentra en los procesos de desintegración social, resultado de la descomposición de la sociedad salarial. Uno de sus capítulos más conocidos sobre las personas desafiliadas sigue «sus huellas a través del destino reservado a la franja más marginal: los vagabundos» (1995, p. 75); así, la marginalidad referiría a las capas peor situadas entre las y los desafiliados, nuevamente las chabolas, las cárceles, la situación de calle, aunque, por otra parte, el capítulo se cierra con una reflexión que lo redibuja:
«El proceso por el cual una sociedad expulsa a algunos de sus miembros obliga a interrogarse sobre lo que, desde su centro, impulsa esta dinámica. Es esta relación oculta entre el centro y la periferia lo que ahora tenemos que tratar de identificar. La lección podrá servir incluso para el día de hoy: el corazón de la problemática de la exclusión no está donde encontramos a los excluidos.» (p. 87)
De otra parte, Didier Fassin (1996) propone que la noción de «marginalidad» sería propia de América Latina, la de «exclusión» predominante en Francia, y la de «underclass» en Estados Unidos. Las tres tendrían en común intentar dar cuenta del agravamiento de las desigualdades sociales desde los años 80 pero también algunas diferencias, resultado de corresponder a realidades diferentes, con «distintas manifestaciones de la pobreza» (1996, p. 38) y algunas reminiscencias; por ejemplo, la marginalidad pondría de relieve en simultáneo las dimensiones espaciales y económicas. Fassin propone un estudio comparado, que tenga en cuenta «las singularidades y las convergencias de estas tres figuras de la pobreza urbana» (1996, p. 67), hacia una topología que profundice en la situación social y espacial, sin caer en el riesgo de proponer una realidad social discontinua.
Finalmente, terciando en la conversación, la noción de marginalidad adquiere un nuevo relieve al fin del siglo pasado de la mano de Loic Wacquant y su «nuevo régimen de marginalidad urbana» (2001). En cierto diálogo con el enfoque de Fassin, que propone que se trata de un concepto localizado, su propuesta precisamente postula una situación en las periferias urbanas análoga entre Europa y Estados Unidos. Algunas diferencias de sujetos: afros, árabes, inmigrantes de las colonias, pero siempre criminalizados, excluidos económicamente, mayormente jóvenes, residiendo en periferias o zonas deterioradas, con una relación compleja con el Estado que se plasma en protestas o estallidos que sorprenden cada vez.
* * *
Estableciendo puentes ahora con América Latina nuevamente, la introducción a Wacquant en Argentina (Auyero, 1998, 2001) también coincide con una serie de protestas que implican un retorno de lo marginal al lugar de sujeto político. Desde aquí, un conjunto de trabajos compara diferentes periferias urbanas ya sea para poner de relieve la politicidad desde los márgenes (Merklen, 2000, 2010, 2016) o las condiciones de vida y la violencia (Auyero, Bourgois y Scheper-Hughes, 2015).
A su vez, en su libro más reciente traducido al español, Wacquant plantea una «historia conceptual» de la underclass y su dominancia académica en los medios de comunicación y en la conversación política a finales del siglo pasado en Estados Unidos.
«la nueva noción no ingresó en la sociología de la marginalidad urbana como una herramienta, sino como un objeto de análisis, de cuyo estudio tenemos mucho que aprender sobre la epistemología política del despojo y la denigración en la ciudad, así como del arte de construir conceptos en general» (2023, p. 6)
Wacquant nos recuerda entonces la importancia de considerar cuidadosamente nociones de este tipo, como la de marginalidad, que oscilan entre identificar sujetos/objeto y funcionar como herramientas de análisis —aunque a su vez, él parece dar por hecho toda una «sociología de la marginalidad urbana», donde la underclass tendría un cierto lugar—.
|
* * * Las teorías de la marginalidad, como las de centro y periferia o la de la exclusión, suelen cuestionarse por su enfoque dual, poco sutil en contextos donde se constata la fragmentación y la multiplicidad: el polo dinámico y la masa marginal; centros y periferias; incluidos y excluidos. Todas —periferia, exclusión, underclass— refieren a dinámicas relacionales que contraponen a unos y otros. Como decía con claridad J. Nun en la revisión de sus trabajos sobre el tema: «La marginalidad es uno de esos significantes que seduce con trampa. Tienta al uso por su sencillez aparente cuando, en rigor, su significado resulta siempre complejo pues remite a otro que le da sentido: sucede que solo se es marginal en relación con algo.» (2021, p. 2). Sin embargo, la marginalidad, a diferencia de la periferia, que implica un centro, y de la exclusión, que sobreentiende la inclusión, no tiene una contraparte clara, localizable (periferia y centro; excluidos e incluidos; underclass y upperclass y(/u) otras clases). Otra característica ubicua que la distingue de las demás nociones y conceptos estriba en que, aunque todos marcan distancia social en relación al adentro, aunque puedan parecer equivalentes, el límite está en lugares diferentes en cada caso: la periferia está dentro del borde como en el teorema del límite, al que las cosas se acercan, sin nunca alcanzar a traspasarlo, siendo ambas parte del todo. En la exclusión, en cambio, más bien, el cierre está afuera. Se conforma un espacio diferente, ajeno, con cierta clausura en el afuera. La marginalidad, puede dar cuenta de estas dos situaciones, la cercanía al borde y el afuera, e incluso y particularmente del borde mismo5. Pese a ese aparente dualismo cerrado que se le enrostra, el conjunto de ubicuidades en torno la marginalidad es de particular interés. Como se señalaba, en algunas perspectivas culturalistas parecerían ser las propias personas marginadas quienes se ponen en ese lugar, cerca del borde, en él, fuera de él, por sus prácticas, sus ideales, sus conductas y modos de pensar. En las perspectivas estructuralistas, la marginalidad sería resultado de un proceso, de una dinámica maquínica. Entonces, ¿quiénes marginan?, ¿el verbo tiene sentido? Marginalidad, marginados, marginación… ¿marginadores? Si eso entonces, marginar parece algo que hacen las personas al hablar, resultado del lenguaje, tratar mal a alguien, discriminar. Digamos por ahora que marginamos nosotros. * * * No es por supuesto esta una discusión novedosa ni agota en absoluto el recorrido, que podría considerar y contrastar otros conceptos que sostienen aires de familia con «marginales», como «desviados» (Becker, 1963/2009) o «anormales» (Foucault, 1975/2001). Pero hemos ido sacando algunas conclusiones, porque en el recorrido retornan algunos tópicos. Si las palabras se definen en su uso, en cuanto a quiénes son los marginales o los marginados hemos podido ver la insistencia recurrente en algunas poblaciones a la hora de tematizar la marginalidad: migrantes, trabajadores desclasados, sectores tradicionales, personas afrodescendientes, habitantes de periferias. También personas que salen de la cárcel, personas en situación de calle y vagabundos. En cuanto a las dimensiones y sets de relaciones puestas en juego, fueron apareciendo sucesivamente aspectos culturales, económicos, patriarcales, urbanos y luego solapándose, acumulándose de forma interseccional, consolidando una marginalidad avanzada en la conjugación de todas esas variables. Finalizábamos señalando con Wacquant el riesgo de que se hipostasie la marginalidad como herramienta conceptual y el uso se concentre en su efecto, los objetos de estudio. También, una politización de la marginalidad, que en este siglo parece volverse nuevamente carne de política, de revueltas, con un potencial acontecimental. Además, que es un concepto que aún está en el ruedo, que se usa. Así, en la introducción de uno de los trabajos que cerraba el recorrido, una compilación de artículos de distintos países, se destaca la vigencia de la noción, y poniendo de relieve importante acumulación latinoamericana, se propone algo de lo que aquí se intenta: «The recent and emerging concern with «urban marginality» (…) offers a formidable opportunity for meaningful and productive dialogue between both (scholars in the north and south) scholarly traditions (Auyero, Burgois y Scheper-Hughes, 2015, p. 4) * * * Simmel (1908/2014) acertaba al proponer comprender la marginalidad como una noción formal, cuya fermentalidad estriba en que puede aplicarse a distintos contenidos. Posiblemente de eso se derive la extraordinaria pregnancia de la palabra, que recorre un siglo utilizada tanto cotidianamente como en los productos culturales o en la academia. Pero también resulta claro que la marginación implica un trabajo de frontera, y que esta es una tarea que dificulta su ubicuidad: la ausencia de una contraparte, un antagónico, y el escamotear el adentro, el afuera y el borde mismo. ¿Quiénes establecen el límite cerca del cual, en el cual o del otro lado, pero cerca, habita la marginalidad? Decíamos: «nosotros», en el uso. En ello es preciso cuidarse tanto de establecer «identidades marginales» que obliteren las relaciones sociales que les dan sentido, como de «hablar por ellos», de quienes si estuvieran fuera, en una exterioridad inasible, podríamos saber muy poco y a quienes estaríamos siempre «haciendo hablar». Hay muchos tipos de palabras poderosas: las que tienen fuerza ilocucionaria, las que conjuran, las que llaman a la acción, las que paralizan (Stengers y Pignarre, 2017). La palabra marginalidad tiene ciertos efectos también. En un solo acto establece una frontera, un aquí y un allá, una demarcación social, un límite. Al utilizarse genera un esquema de coordenadas que distingue a estos de aquellos, unos de otros, nosotros de ellos, como un demonio de Maxwell o el Portu. Estamos ante algunos lugares comunes en las temáticas identitarias: la importancia de estos deícticos para una cartografía social, la centralidad del antagonismo amigo-enemigo para la dialéctica política, oposicional, y el interés de prestar atención a los lazos, las conexiones, los medios de transporte y las figuras que permiten contar la frontera. |
Referencias
Auyero, J. (1997). Wacquant en la villa. Apuntes de Investigación, 1(1), 7-12.
Auyero, J. (2001). Introducción. Claves para pensar la marginalidad. En L. Wacquant. Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio (pp. 9-31). Manantial.
Auyero, J., Bourgois, P., y Scheper-Hughes, N. (Eds.). (2015). Violence at the urban margins. Oxford University Press.
Becker, H. (1963/2009). Outsiders. Hacia una sociología de la desviación. Siglo XXI.
Castel, R. (1995). La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Paidós.
Castel, R. (1996). Les marginaux dans l’histoire. En S. Paugam (Dir.), L’exclusion, l’état des savoirs (pp. 32-41). La Découverte.
Fassin, D. (1996). Exclusion, underclass, marginalidad. Figures contemporaines de la pauvrete urbaine en France, aux Etats-Unis et en Amerique latine. Revue française de sociologie, XXXVII, 37-75.
Foucault, M. (2001). Los anormales. Curso del Collège de France (1974-1975). Akal.
Germani, G. (1980). El concepto de marginalidad: significado, raíces históricas y cuestiones teórica. Nueva Visión.
hooks, b. (2020). Teoría feminista: de los márgenes al centro. Traficantes de sueños.
Merklen, D. (2000). Vivir en los márgenes: la lógica del cazador. En M. Svampa (Ed.), Desde abajo. La transformación de las identidades sociales (pp. 81-120). UNGS-Biblos.
Merklen, D. (2010). Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democrática. Gorla.
Merklen, D. (2016). Bibliotecas en llamas. Cuando las clases populares cuestionan la sociología y la política. UNGS.
Myrdal, G. (1996). An American Dilemma. The Negro Problem and Modern Democracy (I y II). Routledge.
Nun, J. (2001). Marginalidad y exclusión social. Fondo de Cultura Económica.
Park, R. (1928). Human Migration and the Marginal Man. American Journal of Sociology, 33(6), 881-893.
Prebisch, R. (2014). Los caminos del desarrollo. Lecciones. Libros de la catarata.
Quijano, A. (1966). Notas sobre el concepto de marginalidad social. CEPAL.
Sampson, R. (2011). Great American City. Chicago and the Enduring Neighborhood Effect. The University of Chicago press.
Simmel, G. (1908/2014). Sociología: estudios sobre las formas de socialización. Fondo de Cultura Económica.
Stengers, I., y Pignarre, P. (2017). Brujería capitalista. HEKHT.
Wacquant, L. (2001). Marginalidad urbana en el próximo milenio. En L. Wacquant, Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio (pp. 165-188). Manantial.
Wacquant, L. (2023). El diablo en la ciudad. Siglo XXI.
[1] Recuperada de: https://elpais.com/espana/madrid/2025-07-26/a-bordo-del-caotico-339-el-unico-autobus-que-conecta-madrid-con-la-marginalidad.html. Última consulta: 21/01/2026.
[2] Recuperada de: https://elpais.com/espana/madrid/2025-08-01/barajas-blindado-el-89-de-las-personas-sin-hogar-que-dormia-en-el-aeropuerto-se-dispersa-por-madrid-y-el-ayuntamiento-acoge-al-11.html. Última consulta: 21/01/2026.
[3] Recuperada de: https://elpais.com/espana/madrid/2025-08-11/relatos-de-la-carcel-tambien-hay-condena-para-los-se-quedan-fuera.html. Última consulta: 21/01/2026.
[4] Didier Fassin explica en la primera nota al pie de su artículo sobre marginalidad, que mencionaremos luego, que es preferible comprenderla como una «noción» porque funciona «tanto en el discurso común como en el lenguaje científico, como un conjunto heterogéneo sin fundamento teórico. El uso frecuente en la literatura de la palabra ‘concepto’ no solo es abusivo desde una perspectiva durkheimiana, sino aún más lamentable desde una perspectiva heurística, ya que ignora la rica sustancia sociológica que es precisamente el tema de este artículo.» (1996, p. 38).
[5] El margen tiene varios momentos, como en la página: el espacio en blanco entre la caja de texto y el borde negro. El mero borde negro. El espacio entre el borde negro y el borde final. O ese último. O lo que queda fuera de este, tras el final.