Entre flores y medusas.
Un relato entretejido[1]

«Entre flores y medusas».
An Interwoven Narrative

«Entre flores y medusas».
Elkarren arteko kontaketa

Naia del Castillo* 10496.png

Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

Palabras clave

Práctica artística
Desplazamiento
Cuerpo
Roles de género
Bordado

Resumen: Este artículo toma como punto de partida mi obra artística Entre flores y medusas (2010), que es, a su vez, parte de la serie Desplazamientos en la que trabajé entre los años 2010 y 2011. La obra está compuesta por veinticuatro pañuelos de seda con retratos fotográficos impresos e intervenidos con bordados de fauna y flora. La obra utiliza la costura como una estrategia de desplazamiento material y conceptual para señalar cómo las convenciones culturales codifican los roles de género y se inscriben en los cuerpos, reduciendo la identidad femenina a categorías dicotómicas de lo bello o lo monstruoso. En esta obra, el bordado y el traspaso de la fotografía al objeto-pañuelo operan como estrategias de desplazamiento material y simbólico, entendidas como actos de transferencia que permiten desarticular usos, significados y convenciones preexistentes. A partir de esta obra y de recorridos seguidos en trabajos artísticos posteriores, el artículo propone una doble reflexión interconectada: primero, la relación entre imagen, cuerpo, ornamento y domesticidad; y, segundo, la necesidad de un relato entretejido para dar cuenta del conjunto de circunstancias materiales, experienciales e intelectuales que hacen posible la obra. De este modo, el recorrido artístico se concibe de forma análoga al tejido: un entramado procesual de experimentación, reflexión y síntesis que se activa, se desactiva y se sedimenta a lo largo del tiempo.

Keywords

Artistic practice
Displacement
Body
Gender roles
Embroidery

Abstract: This article takes as its point of departure my artistic work Entre flores y medusas (2010), which is itself part of the series Desplazamientos, developed between 2010 and 2011. The work consists of twenty-four silk scarves bearing printed photographic portraits that have been intervened with embroidered flora and fauna. It employs sewing as a strategy of material and conceptual displacement to highlight how cultural conventions encode gender roles and inscribe them onto bodies, reducing female identity to the dichotomous categories of the beautiful or the monstrous. In this work, embroidery and the transfer of photography onto the scarf-object function as strategies of material and symbolic displacement, understood as acts of transfer that make it possible to dismantle pre-existing uses, meanings, and conventions. Drawing on this work and on subsequent artistic practices, the article proposes a double, interconnected reflection: first, on the relationship between image, body, ornament, and domesticity; and second, on the need for an interwoven narrative capable of accounting for the set of material, experiential, and intellectual circumstances that make the work possible. In this way, the artistic trajectory is conceived analogously to weaving: a processual fabric of experimentation, reflection, and synthesis that is activated, deactivated, and sedimented over time.

Hitz gakoak

Praktika artistikoa
Desplazamendua
Gorputza
Genero-rolak
Brodatua

Laburpena: Artikulu honek nire Entre flores y medusas (2010) obra artistikoa hartzen du abiapuntutzat, zeina, aldi berean, 2010etik 2011ra bitartean landu nuen Desplazamientos sailaren parte baita. Obra zetazko hogeita lau zapiz osatuta dago, eta zapiek erretratu fotografikoak dituzte inprimatuta, eta fauna eta floraren irudiak brodatuta. Obrak desplazamendu material eta kontzeptualeko estrategia gisa erabiltzen du joskintza, nabarmentzeko konbentzio kulturalek genero-rolak kodetu eta gorputzetan inskribatzen dituztela eta, ondorioz, emakumeen identitatea ederra ala munstroa kategoria dikotomikoetara murrizten dutela. Lan honetan, brodatuak eta argazkiaren zapi objekturako transferentziak desplazamendu material eta sinbolikoko estrategia gisa funtzionatzen dute, eta aldez aurretik zeuden erabilerak, esanahiak eta konbentzioak desegiteko aukera ematen duten transferentzia-ekintzatzat hartzen dira. Lan honetan eta ondorengo artelanetan hartutako bideetan oinarrituta, artikuluak gogoeta bikoitz elkarlotu bat proposatzen du: lehenik, irudiaren, gorputzaren, apaingarriaren eta etxekotasunaren arteko harremana; eta, bigarrenik, obra ahalbidetzen duten inguruabar material, esperientzial eta intelektualak adierazteko kontakizun saretu baten beharra. Hala, ibilbide artistikoa ehun baten antzekoa da: esperimentazioa, hausnarketa eta sintesia biltzen dituen bilbe prozesual bat, denboran zehar aktibatu, desaktibatu eta jalki egiten dena.

 

* Correspondence author / Correspondencia a: Naia del Castillo. UPV/EHU. Facultad de Bellas Artes, Departamento de Escultura y de Arte y Tecnología. Barrio Sarriena, s/n, 48940 Leioa (Bizkaia) – naia.delcastillo@ehu.eus – https://orcid.org/0000-0002-5386-7164.

How to cite / Cómo citar: del Castillo, Naia (2026). «Entre flores y medusas. Un relato entretejido». Papeles de Identidad. Contar la investigación de frontera, vol. 2026/1, papel 339, 1-9. (https://doi.org/10.1387/pceic.27775).

Fecha de recepción: noviembre, 2025 / Fecha aceptación: febrero, 2026.

ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026

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Soy, al tiempo que profesora e investigadora en Bellas Artes, artista. Mi práctica artística se desarrolla en una tensión constante entre los límites de lo propio y lo público. Mi investigación se centra, al mismo tiempo, en el espacio íntimo, entendido no como un ámbito autónomo o cerrado, sino como un territorio ambiguo que funciona simultáneamente como refugio y como pantalla. Desde esta ambivalencia interpelo la representación del ser humano como una aparición ante los otros, una condición que se construye y se renueva mediante signos, dispositivos y materiales, afectando de manera directa la percepción, la experiencia y la interacción social. En este marco adquiere especial relevancia la atención a lo cotidiano y lo banal. Aquello que aparentemente carece de importancia contiene, al ser observado con detenimiento, una dimensión latente que puede volverse inquietante o incluso perturbadora. Me interesa indagar en cómo nos relacionamos con los espacios que habitamos, los objetos que poseemos y las personas con quienes convivimos, entendiendo estas relaciones como lugares donde se inscriben normas, afectos y formas de poder. Aunque parto de un «yo que observa», la intimidad desde la que trabajo no se concibe como un ámbito cerrado, sino como un espacio compartido, negociable y transformable. La tensión entre lo íntimo y lo social revela que la intimidad nunca es completamente autónoma, ya que se configura siempre en coexistencia con otros, tejiendo estructuras comunes donde lo propio y lo ajeno se entrelazan. El espacio doméstico se configura, en este sentido, como un nudo temático fundamental dentro de mi investigación artística. Se trata de un territorio donde las estancias delimitadas por usos específicos establecen dinámicas corporales que suelen percibirse como naturales, pero que en realidad organizan y regulan nuestros comportamientos. Este planteamiento conduce a interrogar hasta qué punto somos dueñas del espacio doméstico o si, por el contrario, este gobierna nuestras acciones, ritmos y gestos cotidianos. El cuestionamiento se extiende también al encuentro con el otro, entendido como un lugar de circulación de tensiones, signos y relaciones de poder.

Para abordar todas estas cuestiones, en mi trabajo me propuse articular tres elementos interdependientes: la escultura, la fotografía y la acción que interactúan en un espacio reglado, ya sea físico, social o psicológico, que impone comportamientos y modos de relación. Para abordar plásticamente este espacio, me fijé en los objetos que lo constituyen y en su capacidad para determinar formas de habitar. Las esculturas/muebles/vestimentas y la fotografía que exhibe la acción realizada en un plató fotográfico sitúan el trabajo en un territorio fronterizo, donde convergen lo material y lo simbólico. Esta articulación flexible permite cuestionar lo consolidado y abrir significados múltiples, desplegando estrategias de desplazamiento que interrogan la representación del cuerpo, especialmente del cuerpo femenino y su inscripción cultural. La dimensión relacional del vestido tiene la capacidad de funcionar como superficie de contacto entre interior y exterior, como una piel expandida que registra los vínculos invisibles entre individuos y roles.

Todo esto lo hice en la obra Entre flores y medusas (2010) que forma parte de la serie Desplazamientos (2010-2011). Esta obra es un conjunto de veinticuatro fotografías impresas en seda y presentadas en una estructura colgante de cuatro filas y seis columnas. La obra reflexiona sobre el gesto cotidiano de decorar el hogar con imágenes de la naturaleza. Ese gesto, aparentemente inocente, se propone aquí como un intento de trasladar lo salvaje y lo exótico al espacio controlado y delimitado de la vida privada, evidenciando un deseo de apropiación y domesticación simbólica.

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Imagen 1

Entre flores y medusas, Naia del Castillo (2010)
[Fotografía impresa en seda, hilo de seda]

Las fotografías muestran primeros planos de rostros de mujeres que miran directamente al espectador. Sus ojos aparecen parcialmente cubiertos por bordados de figuras de serpientes, flores, plantas e insectos. Este gesto introduce una interferencia en la relación visual directa y activa una tensión entre ver y ser visto. El bordado opera en una doble dirección. Por un lado, altera la función tradicional de la fotografía, ya que la fotografía deja de actuar exclusivamente como imagen puramente icónica, para ser también un objeto material. Para poder bordar se cambia papel por seda, siendo esta materialidad parte integral de su significado y uso. Por otro lado, remite a las cargas culturales del ornamento y de lo doméstico históricamente asociadas a lo femenino.

Las serpientes evocan lo salvaje, lo peligroso y lo monstruoso, en resonancia con la figura mitológica de Medusa, mientras que las flores remiten al ámbito del hogar, la belleza y la pureza normativa. Esta coexistencia de elementos aparentemente opuestos pone de manifiesto la persistencia de imaginarios culturales que oscilan entre la idealización y la demonización del cuerpo femenino. No obstante, la obra incluye más bordados con figuras de árboles e insectos, buscando un conjunto menos binario y planteando un ecosistema más abierto como posibilidad.

Más que responder a un momento puntual, esta obra condensa una serie de preocupaciones que atraviesan distintos momentos de mi trayectoria. Las fotografías, antes de ser impresas en los pañuelos, se originan en una residencia artística en París, donde fueron concebidas pensando en la imagen de la mujer y en la construcción simbólica derivada de su relación con la indumentaria y el ornamento, aunque en ese momento no acabaron por usarse. Años más tarde, durante una estancia en el International Studio and Curatorial Program (ISCP) de Nueva York, estas imágenes adquieren una nueva lectura al ser reactivadas en un contexto distinto, y aquí identifico el potencial conceptual del pañuelo como objeto culturalmente codificado, cuyos motivos decorativos difieren según estén destinados a hombres o mujeres: motivos geométricos para los primeros, florales para las segundas. Este elemento se convierte en un ejemplo directo de la inscripción material de los roles de género. En ese mismo contexto, entro en contacto con tecnologías de impresión digital textil que permiten trasladar la imagen fotográfica al soporte tela.

La imagen pasa entonces a concebirse como «cuerpo», en tanto que es susceptible de ser plegada, deformada, atravesada o manipulada. Esta transformación implica el descubrimiento de un desplazamiento ontológico de la fotografía que deja de ser una superficie neutra para adquirir una dimensión táctil y vulnerable. El proceso continúa con la elección de la seda china como soporte. Las cualidades visuales y sensoriales de la seda china magnifican su riqueza estética rebajando la agresión del bordado sobre la mirada de estas mujeres. El resultado de estos procesos es la obra Entre flores y medusas.

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Imagen 2-3

Entre flores y medusas (detalle), Naia del Castillo (2010)
[Fotografía impresa en seda, hilo de seda. 35 x 35 cm]

El interés por la inclusión de la naturaleza en el entorno doméstico, así como por la construcción simbólica de la imagen de la mujer asociada a la indumentaria y a los ornamentos florales, se expande en proyectos posteriores como Nuevos territorios (2010) (Imagen 4): un sofá confeccionado con fotografías de bosques impresas sobre algodón que se presenta colgado, a modo de pieza de caza. Mediante procesos de desplazamiento y metamorfosis que dialogan con la noción de seducción entendida como «desvío de su vía» (Baudrillard, 2000), la obra reactiva preocupaciones en torno a lo abyecto y al poder simbólico de las imágenes.

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Imagen 4

Nuevos territorios, Naia del Castillo (2010)
[Fotografía impresa en algodón, algodón,
estructuras de aluminio. 210 x 200 x 25 cm]

En trabajos posteriores este interés se desplaza hacia una atención más incisiva a los procesos materiales en, por ejemplo, la serie El lugar de las imágenes (2019) (Imagen 5). En este conjunto de trabajos, el cuestionamiento de lo representacional cede protagonismo a la exploración de las capacidades estructurales del tejido. El punto de partida es la técnica tradicional del nido de abeja, cuya elaboración se articula en una fase preparatoria de fruncido regular del tejido y una fase de fijación mediante puntos decorativos que generan un motivo de enrejado.

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Imagen 5

El lugar de las imágenes #3, Naia del Castillo (2019)
[Fotografía, algodón bordado en nido de abeja. 33 x 23 x 3 cm]

Este procedimiento produce una estructura rítmica de tensiones, ascensos y descensos que hace visible el propio proceso de producción. En este sentido, las reflexiones de Sadie Plant en Ceros + unos: Mujeres digitales y la nueva tecnocultura (1998) resultan especialmente pertinentes al señalar que los tejidos comunican no solo por lo que muestran en su superficie, sino por los procesos que los configuran.

Desde esta perspectiva, proceso y forma resultan inseparables. El trabajo laborioso del nido de abeja otorga al textil una entidad corporal que no oculta su fabricación, estableciendo un continuo entre imagen, piel y cuerpo. Cosida detrás de las tiras de nido de abeja una fotografía cortada de manera irregular muestra un conjunto de piezas cosidas con el mismo entramado en distintas escalas, apiladas en una distribución de capas horizontales, mientras una pieza de color rojo rompe el orden y toma una dirección vertical, dirigiéndonos visualmente a un remate más pequeño, añadido digitalmente, de las dos telas, gris y roja, sin bordado ninguno. Esta fotografía no funciona icónicamente, sino que acompaña el objeto real y trata de insistir en su existencia como cuerpo configurado en un proceso de producción. El cuerpo —ya sea el del papel fotográfico o el del tejido— se ve afectado por acciones como cortar, plegar, atravesar u ocultar. Tal y como señala Sema D’Acosta (2019), en la obra se produce un tránsito constante entre lo bidimensional y lo tridimensional, una preocupación recurrente tanto en la fotografía como en la escultura.

La serie El lugar de las imágenes antecede a trabajos más recientes como Anestesia (2023) y Un pulso sin fin (2025), donde se reitera que la construcción de la obra no se realiza desde una posición externa, sino que debe crecer orgánicamente desde una visión interna y relacional, como un tejido vivo en constante transformación.

* * *

La obra Entre flores y medusas se presenta, entonces, no como una obra aislada dentro de una secuencia cronológica, sino como un nudo conceptual y material de aprendizajes diversos y en el que confluyen preocupaciones que continúan desplegándose en trabajos posteriores. Desde esta perspectiva, la búsqueda de materiales apropiados, también la reflexión sobre las técnicas —por ejemplo, el bordado— dejan de ser recursos formales, para convertirse en estrategias operativas que permiten pensar la relación entre imagen y cuerpo, así como dar cuenta del entramado procesual de experimentación, reflexión y síntesis que se activa, se desactiva y se sedimenta a lo largo del tiempo.

En Entre flores y medusas, el bordado actúa como una intervención que tensiona la superficie fotográfica, introduciendo ornamento y violencia simbólica sobre el rostro. En este punto, la costura se desvincula de lo doméstico y lo femenino funcionando principalmente como un gesto de desplazamiento crítico, capaz de subvertir la transparencia de la imagen y de evidenciar la carga cultural que recae sobre la representación del cuerpo femenino. Sin embargo, esta operación inicial no se agota en sí misma, sino que inaugura una línea de investigación que se irá transformando progresivamente. Esta transformación se vuelve especialmente visible en la serie El lugar de las imágenes, donde el bordado deja de operar prioritariamente como signo para convertirse en estructura. El interés se desplaza desde lo representacional hacia los procesos materiales del tejido, atendiendo a sus capacidades constructivas, tensionales y espaciales. Técnicas como el nido de abeja permiten que el textil adquiera una entidad corporal propia, en la que el proceso de elaboración no se oculta, sino que se manifiesta como parte constitutiva de la forma. De este modo, el bordado ya no interviene una imagen preexistente, sino que participa activamente en la generación del espacio y del volumen, reforzando el tránsito entre bidimensionalidad y tridimensionalidad que recorre mi práctica artística.

Así, el recorrido entre Entre flores y medusas, El lugar de las imágenes y los trabajos anteriores y posteriores a ellos no responde a una lógica lineal proyectual, sino a una insistencia en una misma cuestión: cómo imágenes, cuerpos y materiales se afectan mutuamente en un espacio compartido, articulado, en las piezas mencionadas, mediante el bordado y las técnicas textiles como estrategias materiales y conceptuales.

En el recorrido que se hace de esta obra, este texto ha defendido que la coherencia del trabajo no se articula a través de la repetición de proyectos, sino mediante una lógica entretejida en la que proceso, materialidad y sentido se construyen de forma simultánea. Del mismo modo que ocurre en la práctica artística, la escritura se plantea aquí como un relato entretejido. Un entramado de hilos conceptuales, materiales y experienciales que se cruzan. Así, texto y práctica comparten una misma lógica procesual, reconociendo que la praxis en arte es un campo de relaciones vivas, en constante transformación, donde cada obra reconfigura a las anteriores y anticipa a las siguientes.

Referencias

Baudrillard, J. (2000). De la seducción. Cátedra.

D’Acosta, S. (2019). Durante, después. Sala Amárica.

Plant, S. (1998). Ceros + unos: Mujeres digitales y la nueva tecnocultura. Destino.

[1] Este artículo tiene su origen en la ponencia presentada en el seminario Coser y contar (Bilbao, marzo de 2025), organizada por Amaia Álvarez Uria, Elixabete Imaz y Mariana Norandi del grupo de investigación Kontu Laborategia. El trabajo de contar en la investigación de frontera. Durante ese seminario se exploró el vínculo entre lo textil y la narración, desde su presencia en el lenguaje hasta su uso en el arte, la memoria y los movimientos sociales contemporáneos. Se me invitó a dar cuenta de mi experiencia con el bordado y el textil en mi práctica artística, con especial interés en la obra titulada Entre flores y medusas (2010), que forma parte de la serie Desplazamientos (2010-2011).