Descosiendo el IMRyD.
O de cómo contar fragmentos a golpe de catas
Unstitching the IMR&D. Or how to narrate fragments by way of samples
Universidad del País Vasco (UPV/EHU)
UNED
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Palabras clave Escritura científica |
Resumen: Este texto trabaja a partir de una premisa referente a la escritura y a la metodología: que la realidad contemporánea es fragmentaria y que, en consecuencia, también deben serlo las formas de escritura que aspiran a dar cuenta de ella desde las ciencias sociales. Tomando como punto de partida una crítica explícita al formato IMRyD, se argumenta que los modos asentados actualmente de organización del conocimiento científico resultan insuficientes para pensar y narrar mundos hechos de trozos, vidas descontadas y procesos inacabados. Frente a esa insuficiencia, el artículo propone descoser la estructura canónica del texto científico y explorar formas de escritura que trabajen con fragmentos, cortes y ensamblajes precarios. A partir de la experiencia colectiva del proyecto ViDes, y del libro que resulta de él, Vidas descontadas, se desarrolla la noción de «cata» como actitud y metodología orientada al fragmento, y que requiere prácticas de emparentamiento que, lejos de aspirar a cerrar totalidades, busca tejer relaciones móviles entre pedazos. Desde esta perspectiva, el libro no aparece como resultado final de un proceso de investigación, tampoco como síntesis —no pueden producirse conclusiones—, sino como un tejido inacabado. |
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Keywords Scientific writing |
Abstract: This text works from a premise regarding writing and methodology: that contemporary reality is fragmentary and that, consequently, the forms of social sciences’ writing that aspire to account for it must also be fragmentary. Taking as its starting point an explicit critique of the IMR&D format, it argues that the currently established modes of organizing scientific knowledge are insufficient for thinking about and narrating worlds made up of fragments, discounted lives, and unfinished processes. In response to this insufficiency, the article proposes unraveling the canonical structure of scientific text and exploring forms of writing that work with fragments, cuts, and precarious assemblages. Based on the collective experience of the ViDes research project and the resulting book, Vidas descontadas, the notion of «sample (cata)» is developed as an attitude and methodology oriented toward the fragment, requiring practices of kinship (emparentamiento) that, far from aspiring to close totalities, seek to weave mobile relationships between pieces. From this perspective, the book does not appear as the final result of a research process, nor as a synthesis —no conclusions can be drawn— but rather as an unfinished tapestry. |
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Hitz gakoak Idazketa zientifikoa |
Laburpena: Testu honek oinarritzat du idazketari eta metodologiari buruzko premisa bat: errealitate garaikidea zatikatua da, eta, ondorioz, gizarte-zientzietatik errealitate horren berri eman nahi duten idazkerek ere zatikatuak izan behar dute. IMR&D formatuaren gaineko kritika esplizitua abiapuntutzat hartuta, argudiatzen da gaur egun ezagutza zientifikoa antolatzeko finkatuta dauden moduak ez direla nahikoak zatiz, deskontatutako bizitzez eta amaitu gabeko prozesuz eginda dauden munduak aztertu eta kontatzeko. Urritasun horri aurre egiteko, artikuluak proposatzen du testu zientifikoaren egitura kanonikoa askatzea eta zati, ebakin eta mihiztadura prekarioekin lan egiten duten idazkerak aztertzea. ViDes proiektuaren esperientzia kolektibotik eta horren emaitza den Vidas descontadas liburutik abiatuta, «lagin» kontzeptua garatzen da, pusketa edo zatia lantzeko jarrera eta metodologia gisa, eta horrek ahaidetze-praktikak behar ditu, baina ez osotasunak ixteko, zatien artean harreman mugikorrak ehuntzeko baizik. Ikuspegi horretatik, liburua ez da aurkezten ikerketa-prozesu baten azken emaitza gisa, ezta sintesi gisa ere —ezin da ondoriorik atera—, amaitu gabeko ehun gisa baizik. |
* Correspondence author / Correspondencia a: Gabriel Gatti. Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU). Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación, Departamento de Sociología y Trabajo Social. Barrio Sarriena, s/n, 48940 Leioa – g.gatti@ehu.eus – https://orcid.org/0000-0002-0435-5074.
How to cite / Cómo citar: Gatti, Gabriel; Martínez, María (2026). «Descosiendo el IMRyD. O de cómo contar fragmentos a golpe de catas». Papeles de Identidad. Contar la investigación de frontera, vol. 2026/1, papel 332, 1-11 (https://doi.org/10.1387/pceic.28162).
Fecha de recepción: diciembre, 2025 / Fecha aceptación: febrero, 2026.
ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2026
This work is licensed under a
Creative Commons Atribución 4.0 Internacional
«IMRyD es el acrónimo del formato científico «Introducción, Métodos, Resultados y Discusión», que es el estándar para la organización de artículos de investigación en la mayoría de las revistas académicas, facilitando la publicación y lectura de investigaciones al proporcionar una estructura clara y homogénea. Este modelo estandarizado ayuda a los autores a presentar su trabajo de manera consistente y permite a los revisores y lectores entender rápidamente los hallazgos de una investigación.» (ChatGPT, 2025)
1. Introducción (I)
Descosido I: La realidad es fragmentaria
Resolvamos rápido el misterio: hablaremos en este artículo de los resultados de un proyecto de investigación colectivo[1]. Esa investigación abordó el alto grado de deterioro, degradación, abandono de lo que entendíamos por vida hasta hace poco y se preocupó de las pocas posibilidades que tenemos de encontrar lugares en los que preservar lo que éramos, de encontrar refugios. Y se preocupó también de la dificultad de contar eso que tenemos delante, del agotamiento de los lenguajes que heredamos para hacerlo, esto es, de la dificultad de encontrar una forma de hablar de una realidad que se descompuso. Es de esto último de lo que se encarga este texto: de cómo adecuar el lenguaje y la escritura de la ciencia a una realidad fragmentada, rota, quebrada.
Un artículo que siguiera los estándares en ciencias sociales se armaría siguiendo el orden que marcan unas siglas que se han instalado en el centro de ese lugar donde se guardan las formas: esos que se presentan en forma de siglas —empieza por la I de introducción, sigue con la M de metodología, continúa por la R de resultados, y cierra con la D de discusión—. Esta sección, esta misma, sería la de la «I», y en ella deberíamos dar cuenta de lo que dice la frase que da paso a este sostener la afirmación que titula este descosido —la realidad es fragmentaria— y explicar por qué decimos que es así.
Si ahora lo es se supone que antes no lo era, que era «completa o acabada» que son sus antónimos según la RAE. Antes, pues, la sociedad era sociedad, esto es, un conjunto cerrado y delimitado de cosas distintas que dependían unas de otras. Por esta parte del mundo y en esta época, esa tan rotunda y completa cosa se ha asociado a una forma de vida en común con forma de Estado llena de ciudadanos que por su acción hacían a aquel, que a su vez los hacia posibles. Deberíamos dar cuenta de ese proceso de ruptura de esa forma de vida tan rotunda y completa, tan acabada, y el paso a otra, si no su contraria, sí distinta, mucho. Hablaríamos, así, de las múltiples crisis —económicas, sociales, ecológicas— que han descompuesto el mundo, o al menos, nuestro mundo. También de las herramientas teóricas que pensadas para ese mundo completo o acabado quiebran cuando se topan con fragmentos, pues no saben qué hacer con ellos.
Deberíamos hacer un estado de la cuestión de lo que otras/os han dicho sobre ese proceso complejo para llegar a sostener que, en efecto, la realidad es ahora fragmentaria. «Estado del arte» se llamó a eso. O marco teórico. Para componerlo nos podríamos valer de quienes quizás no han usado ese adjetivo —fragmentaria—, pero sí otros que revelan ese estado de las cosas: crisis, ya hemos dicho, pero también precariedad, vulnerabilidad Llevamos tiempo leyendo que la vida que estudiaron los primeros sociólogos se descompone. Ahí daríamos cabida a autores/as de grandes nombres, tan grandes que podemos nombrarlos así nomás, sin citar sus obras, porque son referentes, que es de las pocas cosas que preserva de los protocolos de citación: Bauman, Butler, Castel, Sassen o Tsing. Más, si nos ponemos a pensar, muchos más: Lewkowicz, Biehl, García Canclini. Todos han puesto nombre a ese proceso. También nosotros. Le hemos llamado desaparición social primero (Gatti, 2020), vidas descontadas después (Casado-Neira et al., 2021). El listado de autoras, en un artículo de ciencias sociales que se precie, debería ser largo, extenso. Para cada idea, para cada concepto, se tendría que abrir un paréntesis con muchos nombres —cuantos más, mejor; sería un estado del arte más completo, un marco teórico más sólido— mostrando que conocemos el área de conocimiento a la que nos adscribimos. No importará cómo se profundice en cada noción como mostrar que sabemos que existe eso que citamos, y que es lo que hay que citar. Con todos esos nombres, con todas esas referencias tendríamos soportes suficientes como para asegurar que la realidad hoy es, en efecto, fragmentaria, que ya no hay mucho de esa vieja y añorada totalidad orgánica, tan completa y acabada, que a lo sumo quedan trozos separados que si se quieren unir tanto los actores como los científicos sociales tienen que hacer un esfuerzo enorme para encontrar sentido.
Descosido II: si la realidad es fragmentaria, la escritura también debe serlo
Una vez sostenido ese argumento pasaríamos al siguiente, pero sin salirnos de la introducción, pues estaríamos hablando aún de lo que se viene, de lo que haremos en este artículo. Es algo que antes no se hacía mucho: decir cómo íbamos a escribir. Escribíamos y ya; la realidad venía dada, la escritura iba con ella. No se pensaba, o apenas, o no en sociología, que es lo que hacemos quienes firmamos la I de este texto, y lo demás. El objeto estaba dado, nuestro papel frente a él más o menos también. La escritura era el medio para contar el resultado de un trabajo previo y tenía sus protocolos. Los tiene aún. Decir que el recetario no permitía grandes variaciones sería exagerar, o quizás no tanto.
Pero ahora, cuando el fragmento, ya no. Ahora hay que decir algo de la estrategia narrativa, de cómo unimos las piezas; o sea, de cómo escribimos. Ya no va de suyo. ¿Cómo lo contamos? ¿Cómo damos cuenta del fragmento?
Y diremos, decimos aquí de hecho, que hay que pensarlo, pues la escritura debe acompañar en su forma al objeto del que quiere dar cuenta. Es cosa de ecuaciones, o de un positivismo llano, tan viejo que se dice en latín: Adaequatio intellectus et rei; la adecuación del intelecto a la cosa, de las palabras a la realidad social. Cuando esta era completa y acabada, la escritura podía serlo también, completa, entera, ordenada. Lineal, como el IMRyD.
¿Pero ahora? ¿Cómo dar cuenta de una realidad fragmentaria? ¿Qué escritura debemos producir? Estas que podríamos decir son las preguntas que recorren este artículo también piden un estado del arte, que es corto. Encontraríamos pocos sociólogos y siempre de fuera de nuestras fronteras estatales. Nos toparíamos con algunos historiadores y politólogos franceses (por ejemplo, los que recogen LeBart y Maziel, 2021), algunas científicas sociales argentinas (Álvarez y Strauss, 2024), y sobre todo, antropólogas y antropólogos con sede en EE. UU. (Biehl, 2013; Tsing, 2022). Estas últimas proponen una escritura que dé cuenta del fragmento y que proponga cómo articularlo sin descomponerlo: haciendo patchwork, dice Tsing, o trabajando en serio con la «pedacería», como ha hecho uno de nosotros (Gatti, 2022), o sea, que la escritura conecte fragmentos, que emparente trozos (Imaz, 2025), pero que no olvide que son trozos. Adaequatio intellectus et rei, sí, pero no en línea. ¿Seguirá sirviendo el IMRyD o toca descoser tan recto hilo?
Vamos a eso, que toca ya la M, y luego la R y la D: propondremos maneras de contar y escribir que den cuenta de los fragmentos de la realidad y de sus conexiones, diremos que resultan de la experiencia de campo de un proyecto, «ViDes. Vidas descontadas. Refugios para habitar la desaparición social». Y contaremos que tuvimos que trabajar con escrituras no diríamos que modestas pero sí pequeñas, las catas, que emparentamos (Imaz, 2025) luego en un libro raro, por poco frecuente, del que estamos dando cuenta como merece, a trozos. Con ese libro no como resultado, sino como proceso que busca habilitar la discusión, movilizar, cerraremos el texto para precisamente abrirlo.
2. Metodología (M)
¿Cómo dar cuenta de fragmentos? ¿Cómo hacerlo respetando su carácter troceado, pero sin olvidar sus conexiones con otros trozos? Hacer catas es nuestra propuesta. ¿Son método? ¿Técnica? ¿Actitud? Podríamos decir que catar es una técnica, como lo es la estadística o la entrevista o la biografía o el análisis de discurso: una forma de acercarse al terreno y capturar datos para luego procesarlos y sacar conclusiones. Lo es. Pero no es solo una manera de proceder, algo que responde a un cómo se hace, que es lo que entendemos habitualmente por técnica. Pero no es solo una manera de proceder, algo que responde a un cómo se hace, lo que entendemos habitualmente por técnica, eso de lo que toca decir algo aquí, en la «M» del IMDyR.
Pero catar es más que eso. Es también una disposición ante lo que se tiene delante, física y sensible: mirar los cachos, buscar los detalles mínimos, conformarse con eso porque eso, el cacho, el detalle, es lo que buscamos, porque eso, el cacho es lo que hay. Más que al cómo se hace, la cata responde al porqué se hace así. El porqué es el fragmento, que abunda hoy, cuando nada es entero. La cata es la respuesta metodológica que se adapta a eso. Nuestra «M».
Catar puede ser una palabra tramposa. Activa la idea de que es una prueba preliminar, testar un trozo antes de volcarse a pensar el conjunto, que sirve para dar testimonio de algo más grande. No es así para un mundo fragmentado: aquí no hay conjunto. Por eso le apostamos a la cata: es la manera de acceder a la realidad hoy. En otros trabajos lo explicamos así:
«Ahora, cuando nuestro objeto son las vidas descontadas, la cata deja de ser un previo, y es el trabajo de investigación mismo. La cata es una metodología de pedazos, de trozos; esos que componen el mundo y esas vidas fragmentarias. (…) Su referencia espacio-temporal es limitada, concreta incluso, y en muchas ocasiones irreplicable porque esas vidas descontadas son móviles» (Gatti y Kobelinsky, 2024; Gatti et al., 2025).
Cata = detalle de una «realidad» que se ha de asir a trozos y que no pasa de ahí. Si hay conjunto está hecho de pedazos y se capt(ur)a sumando catas; es un pack de pedazos. Ese pack, ese conjunto, es lo que queremos ver, una realidad fragmentada. Cato aquí, cato allí, y allá. Y otra hace lo mismo. Y otro más. Y así un montón. Sumamos, unimos. Cosemos. Un patchwork, o como dijo una persona del equipo ViDes, lúcida, un patchword, una tela hecha de palabras hilvanadas:
«No puedo hacer catas si pienso en una colección, en una serie que se acaba, cuando se sature, en un catálogo que expone, exhibe, muestra, un hecho delimitado y cerrado. O sea, serie y acumulación. No hay catálogo posible de un mundo en crisis, solo trocito, cachito, fragmento, pedazo, y luego cata. A lo sumo, casquería. No hay para las catas conceptos unificadores, metaetiquetas. No hay mapa ya, solo pretensiones de tenerlo. A catar sin cesar, pues. Nudos, trenzas, cuerdas que hay que seguir moviendo entre los dedos. Mirar, seguir, contar, tocar. Crish, crish, friccionar. La cosa dice algo, lo anoto, un poco, apunto, sigo» (Gatti, 2025, p. 166).
Descosido III: aleteos de mariposas
«Me ha gustado como ha quedado el libro, tiene sentido y se percibe lo que queréis contar y que lo contáis de otro modo. Buscadores de sentido de lo social, que escribe David [Casado-Neira] por ahí... Os imagino como entusiastas naturalistas del siglo xix buscando aleteos de mariposas, de la vida frágil en sus expresiones más extremas y con la atención puesta en lo que esos aleteos apenas perceptibles pueden contar de la sociedad que fue, que es y que viene si no lo remediamos».
Comentario de una lectora del libro Vidas descontadas (Equipo ViDes, 2025)
Es cosa de ciencia, de método: se busca la forma de la cosa y se intenta captarla ahí, en su forma, que siendo mínima merece un texto que también lo es. Porque catar, dejémoslo claro, es una manera de captar la realidad, y de capturarla. A fin de cuentas, esto es ciencia, ¿no?
3. Resultados (R)
Dice ChatGPT que en la sección resultados de un artículo científico se debe «presentar lo que se ha encontrado de forma neutral y descriptiva, sin interpretar ni discutir todavía. La idea clave es: mostrar los datos de forma clara, ordenada y objetiva».
Pero no hay resultados. No queremos que los haya. No así ↑. Esta realidad no se llevaría bien con un texto que presente así resultados.
Si en este proyecto hay resultados y tienen la forma que dice ChatGPT que han de tener, los resultados en el formato IMDyR, es que algo no resultó. Lo que hay, eso sí, es un tejido de catas que se (des)(re)cose a cada momento. Hay eso, una especie de tejido de arena, un patchwork vaya, de parentescos móviles entre pedacitos que se articulan sin fijarse. No es neutro, ni fijo, ni describe. Es bastante caliente en realidad, muy opinado:
«Cada texto que sale de ese mundo, solo, no dice nada, tejido, mirado en conjunto, colaborando, trozo a trozo, lo que queda se parece mucho al mundo del que hablamos. Cata → pedazo → conjunto → cata → pedazo → conjunto → … Sin cese». (Gatti, 2025, p. 162)
Podríamos decir que el resultado es un libro, pues lo hay, Vidas descontadas, que publicó la editorial La Oveja Roja en 2025. Lo es, porque refleja, representa, dice cosas de otras cosas. Habla, da cuenta si se quiere, de vidas descontadas. Lo hace en varios países y ciudades de América Latina —Montevideo, Buenos Aires, varios lugares de México, São Paulo—, también en algunos rincones de Europa —la aún central París, también Madrid, Ourense, Bilbao, los montes gallegos y valencianos, incluso la baja Navarra—. Si eso quiere decir describir, describe. Pero no es un resultado cerrado, no es una descripción neutral, no son datos ordenados. Las catas que contiene el libro están, sí, organizadas, pero podrían tener otro orden pues las resonancias entre unas y otras es grande y sus emparentamientos son múltiples. Así, el libro no es resultado porque no es neutro y porque propone con su ordenamiento un diálogo que hace que el proceso siga abierto.
El libro no es ni culminación ni síntesis. No es cierre. Es un artefacto que interviene. Muestra, por su forma, un dato importante de la realidad sobre la que trabaja: que los modos heredados de contar ya no alcanzan para dar cuenta de ella. El libro refleja esa imposibilidad.
Lo que hace puede considerarse un «resultado» no porque «proceda de», sino porque afecta a, no porque resulte, sí porque funciona, porque sea resultón. Es resultado, pues, pero de otro modo al del IMRyD.
Debemos aprender a repensar la idea de resultado. Y la de libro.
4. Discusión (D)
¿Cómo discutir un resultado si no resultó nada más que un proceso? ¿tiene que ser la discusión la última etapa del proceso científico, incluyendo la escritura de este texto?
Descosido IV: borradores que se discuten
La elaboración de ese libro ha sido un proceso. Ese proceso pasaba, primero, por emparentar las más de cien catas que se produjeron durante el proyecto sin que el emparentamiento cerrase un mapa de un territorio que no era. Se podía cerrar, ligando las catas a lugares (las hay de Europa y de América Latina, y dentro de cada una por países y ciudades), por hábitats (urbanos, de naturalezas agredidas, de otras que no), o hasta por autorías, tipos de refugio o de vidas des- (desprotegida, desamparada, desterritorializada, desidentificada, desaparecida).
Y más. Todos esos filtros de la representación podrían ayudar a producir mapas de la realidad de esas vidas descontadas. Y lo hicimos, para reuniones internas, para otras más abiertas diseñadas para lecturas de lectores invitados, de editores. Eran sondeos de la eficacia de algunos trozos del libro en relación con algunos públicos lectores.
Un primer borrador se puso en juego, se discutió, en Madrid, en la primavera de 2023, con La Oveja Roja, Ramón Sáez, Natalia Montealegre y Marcelo Rossal. Primer ensamblaje de las piezas, cosido precario aún. Pero ayudó a pensar en quién escribía, en a quién se dirigía el libro, en qué queríamos contar, y en la forma del objeto, que empieza a verse así ya, como objeto. Resultado: una idea, la de bolsa que es olla que es refugio, que es cóncava y contiene, como una concha o un recipiente, pero deja ir, y no aprisiona como sí lo hace un capítulo o un índice. O el IMRyD.
«La forma más adecuada para un relato es la de un saco, un contenedor ahuecado para llevar cosas que portan sentido y permiten relaciones» (Haraway, 2022, pp. 13-14)
«Una hoja una calabaza una concha una red una bolsa una bandolera un saco una botella un pote una caja un frasco. Un contenedor. Un recipiente» (Le Guin, 2022, p. 30)
Con el libro toma forma algo que parece manejable. Es agradable ver que esos hilitos enganchan y lo que traman parece un calcetín, un colchón, un abrigo, una bufanda. O un libro-calcetín-colchón-abrigo-bufanda, hecho de bolsas llenas de agujeros grandes, por las que las catas se escapan y pasan de una a otra, según de qué queramos que hablen. Imaginamos esa trama en cuatro dimensiones, con cuatro partes, o en tres, para que quien lo lea pueda empezar por una u otra. Pensamos en colores cruzados. Deliramos, un poco. Las catas son protagonistas, pero se dejan ordenar por paquetitos. Y como los cronopios, podrán moverse libremente, porque las vidas descontadas no son las de marginales a tiempo completo, pues a veces cuentan y todo, ni los lugares de la protección de hoy protegen del todo, pues a veces hacen lo contrario.
Los editores, generosos, nos dicen que todo se puede hacer…
Luego de eso, más reuniones para seguir tejiendo. En Lasierra, en Álava, retiro de costura, solo los del equipo y Eva, de la Oveja, con todo más armado, más prudente. Decisión final: un libro pero no lineal, un libro-saco-bolsa-concha-caja-recipiente. Lo que debería ser un resultado va tomando forma. Un libro-contenedor de cuatro contenedores, con esos trozos de una realidad fragmentaria, catas, que seleccionamos por su contrario, el desborde, por el contrario del contenedor: empezamos con los viejos refugios (hospitales, hospicios, refugios de noche…) que aguantan hoy pero poco, seguimos con las nuevas formas de cobijo (huequitos en la calle, la intemperie…); estos dos primeros aún somos capaces de contarlos. Y nos vamos hundiendo en la vida nuda, que es vida sin embargo, pero parece que para nada cuenta. Al final, en el último contenedor, el abandono radical, vidas que cuesta calificar así, el descuento, la desesperación Puff, nos quedamos sin relato. A más se cae, la vida más se pierde; a más se adentra el lector en el libro, las protecciones más se desdibujan y el lenguaje no nos permite dar cuenta. A más se avanza, las preguntas son más intensas: «¿Cómo proteger esto, tan descompuesto? ¿Podemos? ¿Cómo contar tanta descomposición? ¿Podemos?» (Equipo ViDes, 2025, p. 8).
Descosido V: el prototipo que se abre a discusión y se transforma
Es noviembre de 2024 y distribuimos entre lectores avisados unas cuantas catas, unas pocas hojas. Es un público que se afecta (ética y políticamente) por la vida descontada: activistas, universitarios, preocupados porque esas vidas empiecen a contar. Leemos con ellos fragmentos del libro, de su primer contenedor, ese que trabaja con instituciones y agentes de protección y cuidado y están llenas de agujeros; que ya no consiguen proteger ni cuidar, vamos. Tras la lectura un breve silencio. Luego, nos piden cosas: más esperanza, soluciones, explicaciones, proponen cosas; a esto último les hacemos caso. El prototipo es testado y con su testeo se transforma.
El libro entra en máquinas, pues la idea está cerrada. La Oveja Roja imprime unos pocos ejemplares. Y como es libro, lo signa, con esta efeméride, algo que suelen hacer en la editorial y que merece ponerse en valor:
«Esta edición preliminar de Vidas descontadas, de Equipo ViDes terminó de prepararse a principios de marzo de 2025, justo 175 años después de que una inesperada oleada revolucionaria quebrase en 1848 las estructuras políticas y sociales del Viejo Continente.»
Es ya libro, pero libro-prototipo:
«A prototype is a version of a product, or a set of concepts in material form, far advanced in development, but still open to revision experiment, and some rethinking, based, in part, on engagement with ‘others’ (end users, research subjects, nonexperts, amateurs) as inside respondents, if not late-stage partners. Prototyping is thus not brainstorming or an early draft or casual version of an idea, but is a formal, yet experimental treatment of something already made and developed, but not yet authoritative or ready for unrestricted, public circulation» (Marcus, 2011, p. 399)[2].
Lo movemos, lo sometemos a discusión: en Bilbao, en Rennes, en Stanford, entre colegas de estudios culturales que trabajan sobre los bordes de lo humano, con otros que piensan la representación de lo irrepresentable, con expertos en América Latina desde fuera de América Latina, con estudiantes de un máster en sociología, con libreros de libros indies, con filólogos y filólogas de los que hacen estudios culturales, con teóricos de la sociología en Pamplona.
Vamos añadiendo catas, quitando otras, moviendo muchas, hasta renombrándolas.
Se deshizo el calcetín, hicimos otra bufanda, pero los hilos son iguales. Cerramos esta fase con un simulacro de grupo de discusión entre un juez, dos antropólogos, un estudioso de la cultura. A cada «público» le dábamos un trocito del libro, el que considerábamos más apropiado. Excepto al último grupo que leyó el material completo ya maquetado con el trabajo de la editorial y acompañado por las ilustraciones de Daniel Piqueras Fisk que también cuentan.
Bien.
En cada caso, para cada cosa, el libro moviliza asuntos distintos. No hay resultados, porque no cierra, pero resulta, porque el tema se moviliza, y el libro también; hay discusión, mucha. Ese es el resultado: unos se irritan por el enfoque distanciado, a otras eso mismo les provoca, algunos ven sociología autobiográfica, otras critican que los autores se esconden, varias se identifican con las ilustraciones, que ayudan a contar el cuento incontable, otras se preocupan porque la ilustración estetice lo que no debe estetizarse. ¿Es sociología? ¿No lo es? ¿Qué es? ¿Le sobra teoría? ¿Le falta? Un estudiante de sociología se asombra de la escritura: «Está escrito como lo habría escrito la pescatera…». Soberbio, realmente; el prototipo mueve, y se mueve, permite la discusión, se discute. Resulta.
Descosido VI: el libro (y la discusión)
8 de diciembre de 2025: el libro está publicado, se ha impreso y está en librerías. En la última página los de la Oveja Roja marcan la fecha con una efeméride, distinta de la primera:
Esta edición de Vidas descontadas, de Equipo ViDes, terminó de prepararse a finales de septiembre de 2025, justo 50 años después de los últimos fusilamientos del franquismo, sombrío momento que ni de lejos logró acallar la sed popular de libertad, igualdad y fraternidad.
Así, nada menos, ya es. Y ya no es prototipo porque está cerrado, pero sigue moviéndose, provoca discusión. Alguien lo embolsa. A una le hace pensar en técnicas de investigación social, a otros en literatura, varios lo asocian al colapso. Cristina piensa en cómo perseguimos mariposas. Las mariposas son las vidas descontadas. Bien.
El proyecto de investigación acaba de empezar. La discusión también. Qué cosa, ¿no? La discusión, que es el final, es en este caso el principio ¿DMRI será? No tiene sentido.
No hay cierre, no, sino al revés: posibilidad.
No hay cierre, no. El libro no cierra nada. No remata ni anuda: deja cabos sueltos. La lectura hace de él (de nuevo) un prototipo, y si parecía cosido lo vuelve a descoser al preguntarse por su cuento, al movilizar movilizándolo, al discutir el libro (cerrado) como contenedor del fragmento. No tenemos conclusiones, ni resultados. Resulta si abre discusión, si con él se percibe que contar es un problema, y contar la vida descontada lo es más. No cabe una pieza acabada para eso, solo un tejido lleno de agujeros.
5. Referencias
Álvarez, L., y Strauss, L. (Eds.). (2024). Escribir lo social. UNSAM.
Biehl, J. (2013). Vita: Life in a zone of social abandonment. University of California Press.
Casado-Neira, D., Gatti, G., Irazuzta, I., y Martínez, M. (Eds.) (2021). La desaparición social: límites y posibilidades de una herramienta para entender vidas que no cuentan. EHUPress.
Equipo ViDes (2025). Vidas descontadas. La Oveja Roja.
Gatti, G. (2020). The Social Disappeared: Genealogy, Global Circulations, and (Possible) Uses of a Category for the Bad Life. Public culture, 32(1), 25-43.
Gatti, G. (2022). Desaparecidos. Cartografías del abandono. Turner.
Gatti, G. (2025). El trabajo de catar. En Equipo ViDes, Vidas descontadas (pp. 161-166). La Oveja Roja.
Gatti, G., y Kobelinsky, C. (2024). Des choses étranges. Fragments d’une conversation hétérotopologique. Ateliers d’Anthropologie, 54-55.
Gatti, G., Martínez, M., Montealegre, N., y Rossal, M. (2025). «Uruguay está salado». Fluires estancados, entre ollas populares y situaciones en calle. Kamchatka. Revista de análisis cultural, 25, 239-261.
Haraway, D. (2022). Tres mochilas en Colombia: bolsas para seguir con el problema. En U. K. Le Guin, La teoría de la bolsa de la ficción (pp. 11-23). Rara Avis.
Imaz, E. (2025). Emparentar. En Equipo ViDes, Vidas descontadas (pp. 167-168). La Oveja Roja.
LeBart, Ch., y Maziel, F. (Dirs.) (2021). Écrire les sciences sociales, écrire en sciences sociales. Presses Universitaires de Rennes.
Le Guin, U. K. (2022). La teoría de la bolsa de la ficción. Rara Avis.
Marcus, G.E. (2011). Multi-sited Ethnography: Five or Six Things I Know About It Now. En S. Coleman y P. von Hellerman (Eds.), Multi-Sited Ethnography: Problems and Possibilities in the Translocation of Research Methods (pp. 16-32). Routledge.
Tsing, A. L. (2022). El hongo del fin del mundo: Sobre la posibilidad de vida en las ruinas del capitalismo. Capitán Swing.
[1] Se trata del proyecto es ViDes. Vidas descontadas. Refugios para habitar la desaparición social, financiado por la Agencia Estatal de Investigación; su código es PID2020-113183GB-I00. En el marco de ese proyecto y gracias al trabajo colectivo de su equipo se han elaborado muchas de las ideas que se recogen en este texto.
[2] «Un prototipo es una versión de un producto, o un conjunto de conceptos en forma material, muy avanzado en su desarrollo, pero aún abierto a revisiones, experimentos y algunos replanteamientos, basados, en parte, en la interacción con «otros» (usuarios finales, sujetos de investigación, no expertos, aficionados) como encuestados internos, si no como socios en la fase final. Por lo tanto, la creación de prototipos no es una lluvia de ideas, un borrador inicial o una versión informal de una idea, sino un tratamiento formal, aunque experimental, de algo ya creado y desarrollado, pero que aún no es definitivo ni está listo para su circulación pública sin restricciones».