Papel crítico 104
Universitat de València
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Adolescentes en transición. Autores: Miquel Missé y Noemí Parra Páginas: 190 Editorial: Bellaterra Edicions, 2023 Ciudad: Barcelona |
* Correspondencia a / Correspondence to: Luis Robledo. Universitat de València, Departamento de Sociología y Antropología, Facultat de Ciències Socials. Avinguda dels Tarongers, 4b, 46022 València – luis.robledo@uv.es – http://orcid.org/0000-0002-9504-9282.
ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2025
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Desenterrar la lógica narrativa que yace sepultada en los pliegues del mundo pitagórico, ese universo donde los números fingen simplicidad mientras ocultan su verdadera naturaleza, es una tarea que produce cierto espanto. Y es que, al intentar sustantivar una idea, dotarla de cuerpo y medida, acudimos a esas cifras impávidas, supuestamente legitimadoras, de la misma manera que si Al-Juarismi se nos presentara como el oráculo infalible que pude vestir de certezas nuestras hipótesis.
Pero lo cierto es que esos espectros encuadernados en tablas y gráficos están ahí. Solo hace falta torturarlos con la garrocha de la interpretación para que desaten, entre susurros, su confesión (Molina Félix, 2002). No importa si son pocos o si su alcurnia estadística es dudosa; o si su forma es lo bastante inextricable como para permitirnos erigir sobre ella una catedral de correlaciones, una geometría de significados que, aunque frágil, se sostenga en el zoilo ojo de la honra científica. Con algo de pericia imaginativa es posible arrancar, de las entrañas numéricas, realidades secretas, mundos que laten detrás del código, espejismos útiles para este oficio de la sociología.
Pero este ejercicio de nigromancia roza la utopía cuando el objeto de análisis es la sexualidad, y más aún cuando se trata de cuerpos trans, de infancias o adolescencias que habitan los márgenes del dogma. En estos casos, el dato escasea, los registros oficiales guardan silencio o balbucean categorías que no alcanzan a nombrar lo que escapa a lo binario, y las encuestas apenas acarician la superficie con preguntas que lastiman más por lo que omiten que por lo que indagan.
Entre rigor y delirio, el libro «Adolescentes en tránsito. Pensar la experiencia de género en tiempos de incertidumbre» de Miquel Missé y Noemí Parra transita este piélago metodológico. ¿Cómo cuantificar lo que no se permite existir? ¿Cómo reconciliar el número con lo que ha sido históricamente desterrado del cómputo? Missé y Parra caminan hacia una cartografía de lo intangible, se empujan a leer entre líneas, a buscar en las sombras de la periferia lo que el centro se niega a revelar. Se convierten, en fin, en agentes de una arqueología de lo improbable, detectives de lo no dicho, y es ahí donde la imaginación metodológica se torna herramienta y resistencia.
La obra, publicada por Bellaterra Edicions en 2023 y con prólogo de Cristina Garaizábal y Gerard Coll-Planas, se propone «entender qué moviliza las transiciones de género en la adolescencia, qué retos plantean, cómo se pueden abordar tanto desde la intervención profesional, como del acompañamiento de las familias y sobre todo qué nos señalan estos procesos respecto a cómo operan las normas de género en la adolescencia actual» (p.14).
Una ruta que «dialoga» con la «experiencia y reflexiones en este terreno» de Miquel y Noemí.
El trabajo de traducir experiencia en evidencia se vuelve empeño homérico —casi poético— que se resuelve en una denodada mixtura metodológica:
«Por un lado, hemos explorado datos cuantitativos de fuentes primarias en tres de los servicios que atienden a adolescentes trans en la ciudad de Barcelona: Trànsit (2012-2021) Unidad de Identidad de Género del Hospital Sant Joan de Déu (2016-2021) y Centro LGTBI (2020-2021). Por otro lado, el grueso del trabajo ha sido de corte cualitativo basado en técnicas conversacionales» (p. 17).
El resultado ha sido una obra dividida en cuatro capítulos: Explorando la adolescencia trans; Transiciones; El caleidoscopio del acompañamiento; Pensar la época. Y termina en un epílogo con signo de encomienda: ¿Qué consejo le darías a tu yo del pasado?
Y sí, el grueso de la obra bebe de entrevistas en profundidad. Sin embargo, permitidme detenerme en una porción ínfima del texto, en ese fragmento discreto que ocupa apenas diez páginas —de la 46 a la 55—, el epígrafe 2.1 bajo el título «¿Qué dicen los datos?». Un porcentaje minúsculo del total escrito, con pocos datos —diría incluso recelosos y fragmentarios— pero que ha sido suficiente para esbozar ya una serie de realidades que, en el caso que nos ocupa, emergen como preguntas.
¿Y los datos qué?
El primer elemento que salta a la vista es el aumento sostenido de menores trans que solicitan asesoría, acompañamiento y/o tratamiento. Todas las cifras apuntan a la existencia de una línea ascendente en el número de jóvenes que expresan inquietudes o malestares con el género asignado al nacer y buscan acompañamiento profesional (p. 47). Una tendencia ya descrita en otros ámbitos como pueden ser los casos de Nueva Zelanda (Clark et al., 2014) o Estados Unidos (Rider et al., 2018; Chen, Fuqua y Eugster, 2016), quienes advirtieron un incremento de adolescentes que se identificaban como trans o en cuestionamiento, con relación a registros anteriores en dichos países. Tales hallazgos encajan con la constatación de que la adolescencia trans es una realidad emergente que, en el contexto catalán, está demandando servicios con mayor fuerza en los últimos años. El creciente acceso a la información sobre identidades trans y la mayor visibilidad mediática parecen ser factores que inciden en la decisión de los adolescentes a iniciar procesos de transición y buscar respaldo en la red sanitaria y psicosocial (p. 49).
Un segundo rasgo que deviene manifiesto de la lectura de los datos barceloneses es la mayor proporción de menores con asignación mujer al nacer que transitan hacia identidades masculinas. Dicha inversión de la proporción histórica observada en la infancia —donde tradicionalmente se ha descrito un mayor número de niños trans— ha sido anotada en Finlandia (Kaltiala-Heino et al., 2015), Reino Unido (Costa et al., 2015) y Estados Unidos (Chen, Fuqua y Eugster, 2016), entre otros contextos. El factor que explica la demanda dispar entre adolescentes asignadas mujer y asignados varón es todavía objeto de debate. Para Missé y Parra:
«la normatividad de género sigue siendo más rígida para explorar la feminidad en los chicos que para explorar la masculinidad en las chicas. Mientras que la feminidad sigue siendo subalterna y su exploración puede tener más costes para los chicos, las chicas que sienten malestares con la feminidad exploran con mayor intensidad otras posiciones de género» (p. 55).
En tercer lugar, de la lectura combinada de las tres instituciones barcelonesas, se desprende la emergencia de identidades no binarias. Tal representación en las estadísticas —se sugiere— podría ser apenas la «punta del iceberg», pues una multiplicidad de personas jóvenes no binarias se autoorganiza en redes sociales o grupos de pares, reacios a medicalizar su experiencia de género. En la misma línea, Report of the U.S. Transgender Survey (James et al., 2016, p.45) ya señalaba un porcentaje cercano al 35% de participantes que se identificaba con algún espectro no binario. Por su parte, Clark et al. (2018) en Canadá recalcaron que la falta de preparación de los profesionales para atender identidades de género no normativas produce vacíos de cuidado y subutilización de servicios, un problema que también podría darse en el contexto barcelonés.
Más allá de las cifras y sus limitaciones
La principal fortaleza de la base cuantitativa presentada por Missé y Parra radica en que brinda una proyección especifica de lo que sucede en los servicios especializados de Barcelona. Las cifras permiten inferir la magnitud del hecho y lo colocan en un marco empírico contrastable. Como se señala en el texto, en Cataluña no existe un registro único y sistemático de atenciones a personas trans menores de edad, por lo que la documentación de Trànsit, la UIG-HSJD y el Centro LGTBI se convierte en la fuente más amplia hasta la fecha. Esto entronca con la necesidad, de contar con datos poblacionales o al menos con series clínicas rigurosas para comprender la evolución de la adolescencia trans (Rider et al., 2018; Costa et al., 2015).
Ahora bien, los datos locales presentan limitaciones que exigen ser reconocidas para no sobredimensionar su alcance y reconocidas por Missé y Parra (p. 47). Por un lado, existe el sesgo propio de que solo se recogen experiencias de adolescentes que acuden a estos servicios, dejando fuera a una población indeterminada —acaso no anodina— que no se acerca a ningún dispositivo. Esto podría implicar, por ejemplo, la infrarrepresentación de jóvenes del espectro no binario, quienes a menudo no buscan intervenciones médicas, o de quienes temen la patologización o la discriminación y prefieren la autogestión. Tanto Rider et al. (2018) como Gridley et al. (2016) reparan en que, no en una cifra despreciable, aparecen jóvenes trans que reconocen haber evitado consultas médicas por miedo al trato irrespetuoso o incomprensivo del personal médico. Este fenómeno, no ajeno al contexto catalán, distorsiona la fotografía de la adolescencia trans que ofrecen las instituciones formales.
Otro problema metodológico análogo es la falta de datos longitudinales que den cuenta del itinerario completo de la transición: ¿Cuántos continúan el proceso? ¿Cuántos desisten? ¿Cómo evoluciona su bienestar psicosocial a largo plazo, etc? Missé y Parra se centran en el volumen de atenciones iniciales, por lo que aspectos como el impacto real de las intervenciones no pueden elucidarse en su apartado cuantitativo. Estudios como el de Chen, Fuqua y Eugster (2016) en Estados Unidos, que analizó 97 menores trans referidos a un servicio especializado a lo largo de 13 años, han mostrado la importancia de contextualizar la trayectoria.
Por último, tal como se reconoce en el estudio catalán, los datos no bastan para explicar en detalle por qué emergen ciertas tendencias. La mayor prevalencia de las transiciones de chica a chico o la subrepresentación de las identidades no binarias podría adjudicarse a múltiples factores: transformaciones sociales, condicionantes médicos, discursos mediáticos, etc. Los números dan señales, pero requieren un complemento más estructural o hermenéutico que dé cuenta de experiencias y significados. Desde esta perspectiva, Missé y Parra insisten en la importancia de no sobredeterminar la lectura de las cifras; el fenómeno trans es demasiado complejo como para trivializar conclusiones lineales o causalidades.
Diálogo entre cifras y vivencias: hacia una integración metodológica
La relevancia de los datos cuantitativos radica, por tanto, en su potencial de representar tendencias y alertar sobre aspectos a investigar más a fondo, y en su función de sostén empírico para argumentaciones sobre la emergente realidad trans juvenil. Con todo, resultan incompletas si se busca una aproximación comprensiva a la experiencia de estas adolescencias. Es en este punto donde el análisis cualitativo adquiere sentido, proporcionando narrativas que elucida el estribo y el cómo de cada caso particular. El propio libro Adolescentes en tránsito complementa, en capítulos posteriores, la información estadística con el testimonio de adolescentes que hacen suya la identidad trans, no binaria o de inconformidad de género.
En Barcelona, el libro reseñado entronca con la tradición de investigación mixta (Gridley et al., 2016; Clark et al., 2018) al plantear un puente entre cifras y reflexiones sociológicas. El aumento de demandas de atención, la predominancia de las transiciones niña a niño y la irrupción de lo no binario, se interpretan a la luz de un contexto sociocultural marcado por la creciente visibilidad trans y por los cambios en la normatividad de género. Lejos de patologizar o de reducir la complejidad a una moda, se sostiene que las cifras reflejan el modo en que las nuevas generaciones sitúan el binarismo como un modelo colapsado (Nicholas, 2014). Así, el número pasa a ser un fulcro de interrogación, en vez de un fin en sí mismo.
En suma, la lectura integrada de los datos locales y las investigaciones en otros contextos confirma el carácter multidimensional de la expresión adolescente trans. Por un lado, se trata de un hecho cuantitativamente constatable que expresa cambios sociales profundos en torno al género y la identidad, y por el otro, demanda una aproximación interpretativa que atienda a la complejidad de las vivencias juveniles. Así como el libro de Missé y Parra pone en valor ambas dimensiones, la academia y las instituciones sanitarias han de seguir promoviendo estudios que combinen la precisión estadística con la riqueza de los relatos personales y conseguir así un mapeo fidedigno de la realidad y una comprensión ética de los procesos de transición de género en la adolescencia. De esta integración surgirán las mejores posibilidades de acompañar a la adolescencia trans y contribuir, en última instancia, a la construcción de una sociedad que reconozca y respete la diversidad de formas de habitar el género.
Referencias
Chen, M., Fuqua, J., y Eugster, E. A. (2016). Characteristics of referrals for gender dysphoria over a 13-year period. Journal of Adolescent Health, 58(3), 369-371.
Clark, B. A., Veale, J. F., Greyson, D., y Saewyc, E. (2018). Primary care access and foregone care: A survey of transgender adolescents and young adults. Family Practice, 35(3), 302-306.
Clark, T. C., Lucassen, M. F. G., Bullen, P., Denny, S. J., Fleming, T. M., Robinson, E. M., y Rossen, F. V. (2014). The health and well-being of transgender high school students: Results from the New Zealand adolescent health survey (Youth’12). Journal of Adolescent Health, 55(1), 93-99.
Costa, R., Dunsford, M., Skagerberg, E., Holt, V., Carmichael, P., y Colizzi, M. (2015). Psychological support, puberty suppression, and psychosocial functioning in adolescents with gender dysphoria. The Journal of Sexual Medicine, 12(11), 2206-2214.
Gridley, S. J., et al. (2016). Youth and caregiver perspectives on barriers to gender-affirming health care for transgender youth. Journal of Adolescent Health, 59(3), 254-261.
James, S. E., Herman, J. L., Rankin, S., Keisling, M., Mottet, L., y Anafi, M. (2016). The report of the 2015 US transgender survey. National Center for Transgender Equality.
Kaltiala-Heino, R., Sumia, M., Työläjärvi, M., y Lindberg, N. (2015). Two years of gender identity service for minors: Overrepresentation of natal girls with severe problems in adolescent development. Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, 9(1), 1-9.
Molina Félix, L. C. (2002). Data mining: torturando a los datos hasta que confiesen. Universitat Oberta de Catalunya. Recuperado de: https://www.businessintelligence.info/resources/assets/dss/molina-torturando-datos.pdf
Nicholas, L. (2014). Queer post-gender ethics: The shape of selves to come. Palgrave Macmillan.
Rider, G. N., McMorris, B. J., Gower, A. L., Coleman, E., y Eisenberg, M. E. (2018). Health and care utilization of transgender and gender nonconforming youth: A population-based study. Pediatrics, 141(3), e20171683.