La diversidad sexo-genérica en demografía:
una historia de inercias, vacíos y rupturas

Sex-gender diversity in demography:
a narrative of inertias, gaps, and ruptures

Celia Fernández-Carro* 3714.png

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

Palabras clave

Métodos cuantitativos
Demografía feminista
Diversidad sexo-genérica
Población LGTBIQ+
SOGI data

Resumen: La demografía es una disciplina de las Ciencias Sociales que persigue la excelencia en el diseño y aplicación de métodos de análisis cuantitativos. Por eso, resulta paradójico que todavía no haya tomado parte en los debates metodológicos sobre la medición de la complejidad no binaria del género y las sexualidades. El objetivo de este trabajo es reflexionar sobre la capacidad y disposición de la demografía para participar en la investigación social cuantitativa sobre la diversidad sexual y de género, examinando la conceptualización que los estudios demográficos hacen del sexo, el género y las sexualidades como categorías analíticas, y su influencia en las herramientas de registro de datos. El trabajo repasa los principales desafíos para el estudio de la diversidad sexo-genérica, principalmente relacionados con la falta de cuestionamiento de sus bases epistemológicas, a la vez que señala algunas potencialidades de cara al futuro. Una mirada crítica a la participación de la demografía en la investigación social sobre la diversidad sexo-genérica es fundamental por su vínculo la sociología cuantitativa, a la que surte constantemente de herramientas técnico-analíticas, pero también porque el conocimiento generado es una pieza clave para la visibilización y reconocimiento de las experiencias de las personas LGTBIQ+.

Keywords

Quantitative methods
Feminist demography
Sex-gender diversity
LGTBIQ+ population
SOGI data

Abstract: Demography is a discipline within the Social Sciences that seeks excellence in the design and application of quantitative methods. Paradoxically, demography have not yet taken part in the methodological debate about the measurement of the non-binary sexual and gender identities. The aim of this work is to reflect on the capacity and willingness of demography to engage in quantitative social research on sexual and gender diversity, based on the conceptualization that population studies make of sex, gender, and sexualities as analytical categories, and its influence on the data collection procedures. The paper explores the main challenges regarding sexual and gender diversity, mostly related to the lack of questioning of its epistemological basis, while also pointing out some potentialities for the future. A critical view to the participation of demography in social research on sexual and gender diversity is crucial due to its connection to quantitative sociology, to which it consistently provides a sort of technical methods. Additionally, the knowledge generated is a key element for the visibility and recognition of LGTBIQ+ people.

 

* Correspondence author / Correspondencia a: Celia Fernández-Carro. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Departamento de Sociología III. C/Obispo Trejo 2, 28040 Madrid – celia.fernandez@poli.uned.es – https://orcid.org/0000-0002-9065-3528.

How to cite / Cómo citar: Fernández-Carro, Celia (2025). «La diversidad sexo-genérica en demografía: una historia de inercias, vacíos y rupturas». Papeles de Identidad. Contar la investigación de frontera, vol. 2025/2, papel 325, 1-18. (https://doi.org/10.1387/pceic.25296).

Fecha de recepción: noviembre, 2023 / Fecha aceptación: octubre, 2024.

ISSN 3045-5650 / © UPV/EHU Press 2025

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1. Introducción

La teoría feminista lleva décadas revolucionando la manera en que las Ciencias Sociales miran, piensan y aproximan el género. Actualmente, son las perspectivas posestructuralistas, en concreto las teorías queer, las que con su crítica a la concepción esencialista de la categoría sexo abren nuevas vías de reflexión. Independientemente de las tensiones que esto ha provocado en el feminismo académico y activista, no cabe duda de que las nuevas perspectivas consiguen que la diversidad sexo-genéricaentendida como el abanico de identidades, expresiones y orientaciones sexuales y de género que quedan fuera de la cisheteronormatividad[1]— emerja como un elemento cognoscible de la realidad social.

El impulso que el pensamiento feminista posestructuralista ha dado a la investigación social sobre la diversidad sexo-genérica ha traído aparejadas preguntas sobre qué metodologías son las más adecuadas para abordar su estudio. Aquí, el enfoque cuantitativo es objeto habitual de controversia, debido a que su orientación positivista no acaba de encajar con la mirada deconstructivista de los nuevos paradigmas. El uso de categorías binarias, estáticas y acríticas, o un registro de datos que oculta unas veces, y estigmatiza otras, a las personas LGTBIQ+[2], son algunos de los motivos de recelo. Aun así, parece posible aproximar la diversidad sexo-genérica con metodología cuantitativa, siempre y cuando esto implique también un proceso de reflexión epistemológica (Browne, 2008; Scott, 2010; Hughes y Cohen, 2013; Patterson, 2019). En este contexto, la demografía[3] emerge como un caso paradójico dentro de las Ciencias Sociales, ya que mientras se precia de ser la disciplina que con más destreza aplica el enfoque cuantitativo a la investigación social, permanece de perfil en los debates metodológicos en ciernes.

La demografía es una disciplina que estudia el efecto que procesos a nivel macro como la mortalidad, fecundidad y migraciones, aunque también individuales como las biografías familiares, educativas o laborales, tienen sobre el tamaño, la estructura y la evolución de las poblaciones humanas. Su rasgo distintivo es que emplea exclusivamente métodos de investigación cuantitativos[4], que abarcan desde sencillos cálculos de proporciones, tasas o coeficientes, hasta complejos modelos matemáticos. Su versión más ortodoxa, que es a su vez la más extendida, promete un conocimiento riguroso, objetivo y generalizable, además de la excelencia en la producción y manejo de datos estadísticos. Esto ha servido de argumento para su puesta en valor dentro de las Ciencias Sociales, especialmente en el ámbito de la sociología cuantitativa, a quien surte regularmente de procedimientos técnico-analíticos (Fernández-Carro et al., 2022). Dada esta conexión, llama la atención que la demografía no haya tenido un papel más estelar en las discusiones sobre cómo aplicar el enfoque cuantitativo a la investigación social sobre la diversidad sexo-genérica ¿A qué se debe? ¿No se siente interpelada? ¿No tiene la disciplina nada que aportar en este sentido?

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre la capacidad y disposición de la demografía para tomar parte activa en la investigación cuantitativa de los colectivos LGTBIQ+. En su primera parte, el articulo desgrana la conceptualización que las categorías sexo, género y sexualidad han tenido en los estudios demográficos. En su segunda parte, el artículo aborda cómo esa conceptualización se ha trasladado a las herramientas de registro de datos y presenta algunos de los ejemplos más representativos. Como telón de fondo, el inicio de una reflexión mucho más profunda sobre cómo, porqué, y para qué se produce el conocimiento demográfico, y qué papel tiene de la demografía en la validación y reproducción del sistema heteropatriarcal.

La importancia de que la demografía se involucre en la producción de conocimiento sobre la diversidad sexual y de género tiene que ver con el reconocimiento de la existencia de esa diversidad y la veracidad con que el imaginario colectivo reproduce las vivencias de las personas LGTBIQ+. El dato estadístico muestra lo esencial, lo regular y lo permanente, haciendo que las irregularidades sean expulsadas y proscritas al submundo de lo no reconocible. Los conceptos que guían el diseño del registro de datos, por tanto, modelan la realidad y la validan. No obstante, los datos estadísticos no dejan de ser un constructo subjetivo, en la medida en que reproducen la lectura que quien los elabora hace del estado de las cosas en el mundo (Escobedo Rivera, 2007). A medida que ampliamos los horizontes de conocimiento y la realidad social se complejiza, también deberían hacerlo las herramientas con las que tratamos de comprender esa complejidad.

Teniendo en cuenta que no hay consenso sobre cómo proceder en el registro de datos cuantitativos sobre identidades sexo-genéricas, ni siquiera sobre sí esto debería hacerse —apelando a la incoherencia de tratar de clasificar procesos de subjetivación en categorías estancas o como resistencia al control estatal que subyace a los censos y estadísticas poblacionales (Guyan, 2022)—, el presente trabajo se alinea con la idea de que la disponibilidad de información cuantitativa ayudará a avanzar en la visibilización y desestigmatización de las personas LGTBIQ+. Estimar de manera fiable el tamaño de la población LGTBIQ+, comprender cómo se distribuye en el territorio, o conocer sus trayectorias vitales, es esencial a la hora de actuar contra las situaciones de exclusión, marginación, y violencia material y simbólica que suelen experimentar las personas con identidades sexuales y de género no hegemónicas. Reflexionar sobre la definición y operacionalización de las categorías sexo, género y sexualidad(es) en las encuestas y registros, permitirá algo tan sencillo como esencial para la investigación social cuantitativa como es establecer la población de estudio. Sin ese primer ejercicio de delimitación demográfica será muy difícil desarrollar investigaciones sociológicas cuantitativas protagonizadas por estos colectivos. Es ahí, en el diseño y evaluación de las herramientas de recogida de datos, donde la demografía tiene uno de sus principales cometidos.

2. ¿De dónde venimos? El sexo, el género y La(s) sexualidad(es) en los estudios demográficos

Aproximar el papel que la demografía tiene, o podría llegar a tener, en la investigación cuantitativa sobre la diversidad sexo-genérica remite inevitablemente a la evolución de la conceptualización de las categorías sexo, género y sexualidades, y como estas se han operacionalizado en censos y encuestas.

2.1. La variable «sexo» en demografía: sublimando la lógica binaria

El sexo lleva vertebrando los análisis demográficos desde sus orígenes, siendo junto con la edad, la variable de estudio por excelencia. Basta con consultar cualquier manual para comprobar esa trascendencia, reflejada tanto en las técnicas que miden la relación entre sexos; la razón de masculinidad/feminidad o las pirámides de población, como en la comparación sistemática de los indicadores de hombres y de mujeres; tasas de mortalidad, natalidad, crecimiento, esperanza de vida, etc. Para la demografía no cabe duda de que el sexo es un atributo biológico e inmutable, en base al cual subdividir a la población entre hombres y mujeres. Esta conceptualización esencialista y binaria está tan arraigada que el término «sexo» ni siquiera cuenta con una entrada propia en el Diccionario Demográfico Multilingüe. Su significado dicotómico, eso sí, va implícito en la explicación de muchos indicadores: «para estudiar la distribución por sexos de la población, se relaciona el número de personas de un sexo con el número de personas del otro sexo, o con el total de ambos sexos» (ONU, 2023, entrada 320).

La condición del sexo como variable demográfica básica hace que absolutamente todas las fuentes de datos cuantitativas registren esa información. Normalmente a través de un único ítem que tiene como opciones de respuesta «hombre» o «mujer». Suele ser una pregunta autodeclarada, aunque también la persona entrevistadora verifica, corrige o directamente registra el sexo de la persona entrevistada. Lo vemos en encuestas sobre envejecimiento y población mayor como la Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE), y también en algunos censos como el argentino hasta 2011. Esto convierte el sexo en una condición obvia en términos empíricos para quien da la información, pero también para quien mira desde fuera.

Uno de los principales efectos derivados del registro binario del sexo es el subregistro o registro erróneo de la información de quienes no se adscriben a ninguna de las dos opciones. Por ejemplo, las personas intersexuales que, debido a singularidades cromosómicas, hormonales y/o anatómicas, no encajan en la dicotomía de la corporalidad hegemónica hombre vs. mujer. Fausto-Sterling (2000) estimó que un 1,7% de la población podía considerarse intersexual. Otros trabajos posteriores apuntan que la cifra podría variar entre 0,1% y un 4%, dependiendo de los indicadores utilizados, los parámetros culturales en base a los cuales se define la intersexualidad o la localización geográfica del estudio (Scherpe, 2011; Davidian, 2011).

2.2. El género en demografía: de la invisibilidad a la norma

El estatus del «género» como categoría de análisis, aunque más tardío y heterogéneo, también ostenta hoy día un lugar central en los estudios demográficos. Nora Federici et al. (1985) o Karen O. Mason (1986) fueron de las primeras en distinguir entre sexo y género, subrayando la necesidad de introducir la posición social de las mujeres como variable explicativa de las dinámicas demográficas. Al introducir la noción de poder y el control diferencial de recursos sentaron las bases de lo que más tarde pasaría a llamarse Feminist Demography. También Susan C. Watkins fue pionera con su célebre artículo «If all we knew about women was what we read in Demography, what would we know?» (1993), al señalar que lo que se entiende por «ser mujer» y «ser hombre» condiciona la manera de aproximar la investigación demográfica, y puso como ejemplo que los estudios sobre fecundidad solo examinaban los comportamientos reproductivos de las mujeres, y no de los hombres, asumiendo que la reproducción es un asunto exclusivamente femenino también a nivel agregado. Además, al obviar el vínculo entre género y agencia parecía que los nacimientos se producían en un vacío de motivaciones, aspiraciones y oportunidades para las mujeres. Posteriormente, Nancy Riley (1999; Riley y McCarthy, 2003) consolidó el género como categoría analítica en demografía, subrayando la necesidad de importar de la teoría feminista varias ideas básicas: 1) que el género es una construcción social, 2) que el género es un elemento estructurante de todas las sociedades y 3) que el género subyace a las relaciones de poder y, por tanto, explica la desigualdad. Otras demógrafas y científicas sociales como Alison Mackinnon (1995), Susan McDaniel (1996), Harriet Presser (1997) o Angélique Janssens (2007) afianzaron la demografía feminista, sobre todo en el ámbito de la reproducción y las dinámicas familiares, enseñando modos concretos en los que la teoría feminista explica el descenso de la fecundidad.

Como se puede apreciar, la conceptualización que los estudios demográficos hacen de las categorías sexo y género reproducen el sentido binario y dicotómico con que eran entendidos por las teorías feministas de la Segunda Ola. El género se considera una construcción social reflejo de las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, bajo un esquema de oposición naturaleza/cultura. Así, la demografía ha seguido el modelo binario propuesto por el fundacionalismo biológico (Nicholson, 1999), según el cual los cuerpos nacen sexuados como machos/hembras, y luego adquieren significado tras un proceso de socialización que los legitima como seres masculinos o femeninos. El significado del género se construye en oposición a la categoría sexo (cultura / naturaleza), pero adquiere significado a partir de esta (masculino-macho / femenino-hembra).

Resulta llamativo como esa separación tan clara a nivel conceptual, no lo ha sido en la práctica. Los estudios demográficos han utilizado con frecuencia los términos sexo y género de forma indistinta, tal y como Williams (2010) advirtió en muchos de los papers presentados en conferencias internacionales de la relevancia del Annual Meeting Population Associaciatio of America (PAA). Eso se traduce en títulos, resúmenes o marcos teóricos que hablan de perspectiva de género, precediendo a análisis que únicamente comparan los resultados de hombres y mujeres. Un uso sinonímico, por otro lado, extremadamente común en otras ciencias positivistas como la medicina (Hammarström y Annandale, 2012) o la psicología (Torgrimson y Minson, 2005). La confusión provocada por el uso indistinto de sexo y género en demografía se ve agravada por efecto de la transversalidad de género (gender mainstreaming) que hace que muchos proyectos y estudios propongan la aplicación de la perspectiva de género como estrategia para maximizar sus opciones de financiación y difusión sin que ese sea realmente el caso.

Es habitual que el nivel educativo y el tipo de ocupación, principalmente, aunque también la edad del primer matrimonio o los valores familiares, se utilicen como proxy del estatus y la posición de las mujeres en los estudios demográficos. Riley (2019) sugiere que, además, se deben considerar otros indicadores como el «nivel de empoderamiento», utilizando variables que midan el control de las mujeres sobre los recursos, y el «nivel de autonomía», usando variables que midan la posición de las mujeres con relación al control masculino. Otra información que permite medir los efectos del género en los estudios demográficos es lo que esta investigadora llama «indicadores de resistencia». Se trata de indicadores que captan la reacción de las mujeres ante situaciones de desigualdad en términos de poder. La postergación o evitación de acontecimientos vitales como la unión en pareja o la maternidad pueden indicar resistencia a roles socialmente impuestos, así como cierto grado de vulnerabilidad social. Para Williams (2010), las preguntas que permiten aplicar una perspectiva de género deben considerar la dimensión contextual y cultural del género, sobre todo si tienen un ánimo comparativo. Se da por hecho que indicadores del estatus de las mujeres se entienden igual en todos los lugares, cuando en realidad tienen diferentes significados. La solución propuesta es el uso de métodos de triangulación que validen las variables utilizadas, combinando técnicas cuantitativas y cualitativas. Otra precaución es que el género se examine como una variable dependiente. Se trataría, por tanto, de analizar cómo los procesos demográficos afectan las desigualdades de género, y no únicamente considerar «ser mujer» como variable independiente o de control.

La centralidad y arraigo de la definición esencialista de la categoría «sexo» en demografía, y su correlato con el «género» como opuesto culturalmente construido, ha blindado a estos dos conceptos frente a cualquier intento de redefinición. Algo que no ha ocurrido con otras características demográficas como la edad (Sanderson y Scherbov, 2007) o la raza/etnicidad (Strmic-Pawl et al., 2018), las cuales sí han sido objeto de discusión teórico-metodológica. Al contrario, la inercia de la demografía hegemónica ha sido alejarse del pensamiento y teorías feministas, muchas veces percibidas como posicionamientos ideológicos que comprometen el rigor y neutralidad de la disciplina. Ese desapego ha tenido como principal consecuencia una asimilación de la perspectiva de género mucho más tardía y limitada que en otras Ciencias Sociales, que considera el género más como una variable explicativa que como una lente interpretativa. Referentes de la demografía feminista como Riley (2019) reconocen la artificialidad de la división entre lo biológico —sexo— y lo social —género— en los estudios demográficos, aunque proponen mantener esa distinción hasta que la demografía entienda el género, no como un factor individual, si no como un sistema de organización social que determina las relaciones sociales y, por eso mismo, los procesos demográficos.

2.3. La(s) sexualidad(es) en demografía: un capítulo aparte

Tradicionalmente, la sexualidad ha sido una categoría analítica residual en los estudios demográficos. Hasta 2009, solo 69 de los artículos publicados en las revistas de población más prestigiosas contenían la palabra «orientación sexual», y solo 81 contenían la palabra «homosexual» (Baumle, Compton y Poston, 2009). Ese vacío es consecuencia de una generalización de la visión heteronormativa de la sexualidad que durante mucho tiempo supuso que hombres y mujeres solo mantenían relaciones sexuales con personas del otro sexo. Este esquema naturaliza y da por sentada la heterosexualidad de las poblaciones, situándola en un marco de relaciones monógamas, dentro del matrimonio o de uniones formales, y en parejas potencialmente procreadoras.

Los estudios demográficos sobre sexualidades han aproximado cuestiones relacionadas con la población LGB (lesbianas, gays y bisexuales) utilizando principalmente dos informaciones: el comportamiento sexual y la orientación sexual (Baumle y Dreon, 2019). El comportamiento sexual se registró, primero, por su relación con la fecundidad (contraconcepción, aborto, decisiones reproductivas, etc.), y con la salud después, cuando las relaciones sexuales con personas del mismo sexo fueron consideradas un factor de riesgo en la transmisión de enfermedades infecciosas, principalmente el VIH/SIDA (Hubert, Bajos y Sanfort, 1998). El interés por la orientación sexual no emergió con fuerza hasta principios del siglo xxi, cuando algunos estudios trataron de analizar el volumen y las características de la población no heterosexual. Dos hechos concatenados produjeron el cambio de rumbo: la acción política de los movimientos por los derechos del colectivo LGB, uno de cuyos mayores hitos fue la legalización del matrimonio igualitario, y el registro de nuevos datos cuantitativos. El viraje a nivel estadístico llegó tras la inclusión de una nueva categoría de respuesta en la pregunta sobre la composición del hogar en los censos de países como Estados Unidos, Reino Unido, o España, que luego se extendería a otros tipos de fuentes demográficas. Esa nueva categoría registraba a las personas que convivían con un cónyuge del mismo sexo. Los estudios realizados a partir de esta información han permitido caracterizar el tipo de uniones e identificar los rasgos sociodemográficos de las parejas del mismo sexo (Andersson et al., 2006; Cortina, 2016), su salud y el bienestar subjetivo (Boertien y Vignoli, 2019), así como otros aspectos familiares y relacionales como la tenencia de hijos/as o los patrones de convivencia (Comtpon y Baumle, 2018). A pesar de suponer un avance, la pregunta pronto fue blanco de críticas por limitar el estudio de las sexualidades a las parejas unidas formalmente, así como por solo permitir comparaciones con la población heterosexual, que veía reforzado su rol como el sujeto estándar (Reynolds, 2001). Otra de las críticas fue que perpetuaba una idea de la sexualidad en términos binarios: homosexual vs. heterosexual.

En las últimas décadas han sido las encuestas sociodemográficas de base poblacional las que han seguido innovando. El principal cambio ha consistido en abandonar las preguntas sobre hábitos sexuales, que estigmatizaban la homosexualidad al asociarla con un factor de riesgo para la salud, para sustituirlas por preguntas autodeclaradas sobre la orientación sexual. Concretamente, las nuevas herramientas tratan de captar tres dimensiones: «atracción sexual» —sexo de las personas por las que siente atracción—, «comportamiento sexual» —sexo de las personas con las que mantiene relaciones sexuales— y «auto-identificación sexual» —etiqueta con la que la persona identifica su orientación sexual; gay, lesbiana, bisexual, heterosexual, etc—. Durso y Gates (2013) hacen una extensa reflexión sobre las mejores preguntas para captar a la población con orientaciones sexuales no hegemónicas mediante ejemplos de encuestas estadounidenses[5]. En el caso de la atracción sexual, destacan la eficacia de la pregunta implementada en la National Survey of Family Growth (NSFG):

«People are different in their sexual attraction to other people. Which best describes your feelings?».

Con las categorías de respuesta: «Are you: 1) Only attracted to females?; 2) Mostly attracted to females?; 3) Equally attracted to females and males?; 4) Mostly attracted to males?; 5) Only attracted to males?; 6) Not sure?»

Para registrar información sobre el comportamiento sexual, estas autoras recomiendan la siguiente pregunta:

«In the past (time period e.g., year) who have you had sex with? 1) Men only; 2) Women only; 3) Both men and women; 4) I have not had sex»

Respecto a la autoidentificación, estas autoras remiten a la pregunta desarrollada por el National Center for Health Statistics (NCHS):

«Do you consider yourself to be: 1) Heterosexual or straight; 2) Gay or lesbian; or 3) Bisexual?».

Durso y Gates desincentivan el uso de la categoría «otros» entre las opciones de respuesta de la pregunta sobre autoidentificación, al considerar que quienes la escojan representarán pocos casos, pero restarán potencial a los resultados del estudio al reducir el tamaño de la muestra. Las evidencias aportadas por los estudios demográficos realizados con estas preguntas muestran, por ejemplo, que las personas con orientaciones sexuales minoritarias tienen mayores índices de mortalidad y mayor probabilidad de mortalidad temprana (Cochran, Björkenstam y Mays, 2016), que la orientación sexual en ocasiones actúa como detonante de movimientos migratorios desde zonas rurales hacía áreas urbanas (Thorsteinsson et al., 2022), o que presentan unos patrones diferenciales en lo que respecta a las dinámicas familiares, en especial la convivencia y la tenencia de hijos/as (Henehan et al., 2008).

3. La diversidad sexo-genérica desde la óptica demográfica: ¿hacia dónde vamos?

La diversidad sexo-genérica alude a la pluralidad de identidades, expresiones y orientaciones sexuales y de género presentes en la sociedad más allá de los límites impuestos por la cisheteronormatividad. Abarca un amplio espectro de experiencias que en el caso de la identidad sexual van desde la homosexualidad a la asexualidad, pasando por las identidades bisexuales, pansexuales o queer, y en el caso de las identidades de género engloba a las personas transgénero, género no binario, o género fluido, ente otras.

El concepto de identidad sexo-genérica surge de la crítica que la tercera ola feminista hace a la naturalización de la categoría sexo, y al correlato entre el sexo (hombre/mujer) y el género (masculino/femenino). Se trata de un cuestionamiento integral de la relación causal sexo-género-deseo (si se nace hembra, se es mujer y se desea a los hombres), que entiende que ni el género es consecuencia del sexo, ni la sexualidad es consecuencia del género (Butler, 2007). La identidad sexual y de género se concibe de una manera fluida, cambiante y contingente, puesto que se entiende como una subjetividad que a su vez tiene una proyección social. Lo que distingue la «identidad sexual y de género» de otras categorías analíticas como la «orientación sexual» es que la identidad se experimenta íntimamente, aunque se exteriorice y comparta.

3.1. La identidad sexo-genérica en demografía

La identidad sexo-genérica es territorio inexplorado para la demografía. Su dimensión subjetiva y cambiante la sitúa en las antípodas conceptuales del tipo de categorías que habitualmente utiliza la disciplina en sus análisis. El dato demográfico, en su condición de acto históricamente situado y políticamente modelado, traslada a las personas, sus identidades, y sus cuerpos a categorías estadísticas prefijadas. Esto impide que las categorías sexo y género, tal y como están conceptualizadas en la mayoría de los estudios demográficos, capten la identidad sexo-genérica el en sentido fluido, múltiple y cambiante con que las experimentan las personas LGTBIQ+. Por eso, el estudio demográfico de la diversidad sexo-genérica pasa por generar nuevas herramientas de recogida de datos que capten las distintas dimensiones de la identidad. Investigadoras como Amanda K. Baumle (2022) han tratado de avanzar en esa línea, haciendo un llamamiento a lo que ella denomina Trans Demography. Partiendo de las teorías queer y lidiando con las tensiones a las que estas someten a la demografía como campo de estudio positivista, la Trans Demography plantea una implicación activa y continua en la recolección de datos cuantitativos, que permita: 1) aplicar un enfoque reflexivo y comunitario en el diseño de encuestas y proyectos, con el ánimo de ser más precisos e inclusivos en la estimación y caracterización de las identidades sexo-genéricas; 2) trabajar en herramientas e indicadores cuantitativos que puedan captar identidades sexo-genéricas que cambian en el tiempo; y, 3) debatir sobre los cambios terminológicos y conceptuales surgidos en la teoría feminista.

Hasta el momento son otras Ciencias Sociales, principalmente la sociología y los estudios feministas, las que han ideado y testado los modos de adaptar los planteamientos de la tercera ola feminista sobre la identidad sexual y de género a la producción y tratamiento de datos demográficos. Recopilamos a continuación algunas propuestas que, sin pretender ser exhaustivas, ilustran las principales propuestas existentes en el momento de redacción de este el trabajo.

3.2. SOGI data para el estudio demográfico de la diversidad sexo-genérica

La falta de datos es uno de los mayores escollos a los que se enfrenta el estudio de la diversidad sexo-genérica con enfoque cuantitativo. Como se ha mencionado, el principal desafío es contar con instrumentos capaces de captar la identidad sexual y de género en un sentido fluido, múltiple y cambiante, para, además de reducir errores en la medición y la tasa de no respuesta de la población LGTBIQ+ (Ruberg y Ruelos, 2020), mejorar el tratamiento ético de estos colectivos a nivel estadístico y social (Slade et al., 2021; Stang, 2019). Este tipo de datos relativos a la identidad sexual y de género se agrupan bajo la etiqueta de SOGI data (Self-reported sexual orientation and gender identity data[6]), utilizada fundamentalmente en el ámbito de la salud, aunque con ramificaciones hacia otras disciplinas científicas. Dado que las herramientas para registrar SOGI data son muy variadas y se encuentran en plena expansión, este apartado se centra únicamente en aquellas que permiten generar conocimiento demográfico sobre el colectivo LGTBIQ+. Concretamente, aquellas implementadas en dos tipos de fuentes; los censos y las encuestas de base poblacional.

Algunos censos han comenzado a incluir preguntas para registrar SOGI data, principalmente orientadas a captar la identidad de género de la población. Estás preguntas tienen dos tipos de diseño: los modelos de pregunta única y los modelos de pregunta doble. Los censos de Inglaterra y Gales de 2021 fueron los primeros a nivel mundial en incluir una pregunta sobre la identidad de género, y optaron por un modelo de pregunta única. La nueva pregunta complementaba a la tradicional pregunta binaria sobre el sexo de la persona entrevistada (hombre/mujer). En el censo inglés se enunciaba de la siguiente manera: «Is the gender you identify with the same as your sex registered at birth?», con las categorías de respuesta: «yes/no». Existía la posibilidad de autoidentificarse cuando la respuesta era «no». En el caso del censo escocés, la nueva pregunta fue: «Do you consider yourself to be trans, or have a trans history?», las respuestas podían ser «yes/no», dejando espacio para especificar la identidad en caso de respuesta afirmativa. Las críticas a la implementación de la pregunta en el censo inglés señalaron como principales problemas la selección de un enunciado que no estaba pensado para fines estadísticos y una redacción que se prestaba a interpretaciones equivocadas (Biggs, 2024). Como solución se apuntó al modelo de pregunta doble, similar al que se implementó en el censo de Canadá, también en 2021. La primera pregunta era: «What was this person’s sex at birth?», con las respuestas «male / female», seguida de una segunda pregunta: «What is this person’s gender?» («current gender») (male/female/others —specify—).

En lo que respecta a las encuestas de base poblacional, el GenIUSS Group de la Universidad de UCLA testó diferentes procedimientos en la recogida de SOGI data, identificando cuatro modelos principales. Los tres primeros captan información únicamente sobre la identidad de género, mientras el último lo hace sobre la identidad sexo-genérica (Badgett et al., 2014):

1. Two-step process: Es el modelo de doble pregunta. La primera registra el sexo asignado al nacer, y la segunda el sexo con el que se identifica la persona entrevistada. Las categorías de respuesta a esta segunda pregunta suelen dar las opciones: mujer, hombre, mujer trans, hombre trans, persona queer, etc.

2. Single item question: Es un modelo de una sola pregunta. El enunciado expone una definición de persona transgénero y luego pregunta a la persona entrevistada si se considera a sí misma como una persona transgénero. Las categorías de respuesta pueden ser «sí/no», pero también comprender una batería más amplia de opciones cuando la respuesta es «sí»: «de hombre a mujer», «de mujer a hombre», «género no conforme», y «no».

3. Perceived gender: Es un modelo de una sola pregunta. Se pregunta a la persona entrevistada cómo le perciben los demás en una escala que va desde muy femenino a muy masculino. La información, por tanto, tiene que ver con una valoración externa. La eficacia de este tipo de preguntas aumenta en combinación con preguntas que siguen el modelo two-step, asumiendo que las percepciones descritas se ajustan a la realidad.

4. Combination sexual orientation + gender identity: Es un modelo de una sola pregunta. Se trata de integrar en una sola pregunta las dos informaciones sobre orientación sexual e identidad de género. Las personas deberían responder a esas dos identidades con una sola categoría, lo cual es especialmente problemático en el caso de las personas transgénero o de género no conforme, que escogerían la identidad más sobresaliente o no responderían. Se propone como solución una batería de categorías de respuesta a las que hay que responder sí o no.

El modelo de pregunta más utilizado por las encuestas de base poblacional hasta el momento ha sido el two-step process, debido a su simplicidad y facilidad de implementación. Sin embargo, aún no está del todo clara su efectividad. Mientras que su eficacia ha sido demostrada en el ámbito de la salud (Lombardi y Banik, 2016), otros estudios consideran imprescindible complementarlo con otras herramientas de medida (Lagos y Comtpon, 2021). Por ejemplo, Ruberg y Ruelos (2020) proponen ampliar de dos a cuatro el número de preguntas para registrar con más precisión la identidad sexo-genérica: 1) «What is your gender?», categorías de respuesta: man, non-binary, woman, other (please specify); 2) «Do you identify as transgender?», categorías de respuesta: yes, no, decline to state; 3) «What is your sexual orientation?», categorías de respuesta: asexual, bisexual/pansexual, gay, heterosexual/ straight, lesbian, queer, other (please specify); y, 4) «Prior to the age of 18, how did you identify your sexual orientation?», categorías de respuesta: asexual, bisexual/pansexual, gay, heterosexual/straight, lesbian, queer, other (please specify). Además, proponen eliminar las categorías discretas en las respuestas, haciendo que sea posible escoger varias identidades, recordando a las personas entrevistadas que las identidades sexuales son complejas y que todos los elementos que quieran señalar de ellas son válidos. Otra de las críticas al modelo two-step es que la pregunta sobre la identidad de género no se entiende igual en todos los contextos, y muchas veces se confunde con la orientación sexual (Reisner et al., 2014). El modelo two-step también plantea problemas a la hora de registrar a las personas transgénero, ya que buena parte de quienes declaran que el sexo atribuido al nacer no se corresponde con el sexo con el que se identifican, no se reconocen como personas trans (Truman et al., 2019). En su análisis de las cuatro mayores encuestas realizadas en Estados Unidos, Westbrook y Saperstein (2015) apuntan que la mayoría de los intentos de generar herramientas de recolección de datos sobre identidades sexo-genéricas, aunque valiosos, no han sido del todo fructíferos. Principalmente, porque capturan la diversidad dentro de la categoría «transgénero», pero dejan sin cuestionar las categorías tradicionales de hombre/mujer. También que la implementación de este tipo de preguntas deja fuera a las personas no binarias o agénero.

Para intentar superar los problemas en la recolección de SOGI data a gran escala en encuestas poblacionales, donde la mayoría de personas entrevistadas son cisgénero y heterosexuales, la NIH Sexual & Gender Minority Research Office (SGMRO) ha elaborado una lista de recomendaciones: 1) generar prácticas de recolección de datos inclusivas que respeten y reflejen el modo en que se identifican las personas; 2) precisión en la terminología que evite la mezcla de conceptos en los SOGI data; 3) respeto por la autoidentificación y la autonomía, incluyendo el derecho a no participar en la recogida de datos; 4) prácticas parsimoniosas en la recopilación de datos para responder a preguntas de investigación específicas y predefinidas; y, 5) análisis de datos que respete la privacidad, la confidencialidad, la protección de las comunidades LGBTQI+.

En la misma línea, la Comisión Europea elaboró una serie de recomendaciones para la recolección y uso de datos cuantitativos sobre orientación sexual, identidad y expresión de género y características sexuales (SOGIESC) dirigida a instituciones públicas, organismos estadísticos y responsables de políticas de igualdad, como parte de su estrategia para la igualdad LGBTIQ 2020-2025 (European Comission, 2023). Esta guía aconseja formular preguntas inclusivas y comprensibles, validar previamente los cuestionarios, e incluir opciones de respuesta que reflejen la diversidad dentro del colectivo LGBTIQ, asegurando la participación de las propias personas LGBTIQ en el diseño y análisis de encuestas. También propone que se separen claramente las dimensiones de orientación sexual, identidad de género, expresión de género y características sexuales en los cuestionarios. Las categorías de respuesta deben ofrecer opciones diversas, incluyendo campos abiertos y la posibilidad de elegir «prefiero no responder». Además, se recomienda contextualizar la recogida de datos explicando su finalidad y las medidas de protección aplicadas, para fomentar la confianza y garantizar el respeto a la privacidad.

3.3. La estimación de la población LGTBIQ+ como primer paso

La estimación del volumen de población LGTBIQ+ podría considerase la contribución inaugural de la participación de la demografía al estudio cuantitativo de la diversidad sexo-genérica. Los intentos realizados hasta el momento con datos censales muestran cifras por debajo del 1%: el censo inglés de 2021 estima que 262.000 personas (un 0,54% de la población total de 16 o más años) no se sienten identificadas con el sexo asignado al nacer (Office for National Statistics, 2023), así como el censo de Canadá estima ese volumen en un 0,33% de la población total de 15 o más años (Statistics Canada, 2022). Las estimaciones realizadas con encuestas de base poblacional revelan una amplia variabilidad, incluso entre evidencias de un mismo país. Por ejemplo, la población LGTBIQ+ en Australia podría oscilar entre un 3,5% y un 11% (de 900.000 personas a 2.8 millones) dependiendo de la fuente utilizada (Department of Health of Australia, 2012; Wilson et al., 2020).

En un análisis de las diferentes estimaciones de la población LGTBIQ+ realizadas en Estados Unidos, Meerwijk y Sevelius (2017) demuestran que el origen de la variabilidad está en la multiplicidad de herramientas utilizadas para captar la diversidad sexo-genérica, cuya validez, además, continúa siendo evaluada. El estudio señala como ejemplo las preguntas utilizadas para identificar a las personas transgénero y sus diferentes conceptualizaciones. Aquellas estimaciones realizadas con fuentes de datos que definen transgénero como una orientación sexual (transexualidad) arrojan estimaciones cuatro veces inferiores a las realizadas con fuentes que la consideran una identidad de género (transgénero), debido a que estas últimas captan mucho mejor la forma en que actualmente se entiende la identidad género. A esto se suma el que los criterios utilizados para delimitar a la población transgénero son heterogéneos: personas sometidas a cirugía de cambio de sexo, personas que han hecho cambios en su estilo de vida, personas que han cambiado su identidad legalmente, etc.

A pesar de las discrepancias, algunas autorías defienden que determinar el tamaño de la población LGTBIQ+ debería ser menos importante para la demografía que contribuir a un debate informado sobre las dificultades que experimenta a nivel social y político el colectivo LGTBIQ+ (Gates, 2011). En este sentido, la estimación de la población LGTBIQ+ no debería verse como el objetivo final, si no un necesario paso previo.

4. Reflexiones finales

Al inicio, este trabajo se propuso reflexionar sobre la capacidad y disposición de la demografía para participar en la investigación social cuantitativa sobre la diversidad sexual y de género. Esta reflexión resulta especialmente importante dado su estrecho vínculo con la sociología cuantitativa, con la que comparte estrategias para la recogida y tratamiento de datos numéricos.

Ha quedado patente que actualmente nadie cuestiona que el sexo y el género son categorías analíticas imprescindibles para los estudios demográficos. También la orientación sexual se admite hoy como una potencial variable de estudio, indicando una relativa permeabilidad de la demografía a nuevas propuestas teórico-conceptuales provenientes de otras áreas como la sociología o los estudios feministas. No obstante, las categorías sexo, género y sexualidad continúan definiéndose mayoritariamente en base a los tres pilares de la cisheteronormatividad: fundacionalismo biológico —que considera el sexo un atributo biológico en base al cual se define el género como construcción social—, binarismo —que dicotomiza estas categorías en dos opciones opuestas y excluyentes: hombre/mujer, femenino/masculino, heterosexual/homosexual—, y heteronormatividad —que presenta la heterosexualidad como la opción sexual natural y universal—. Esta conceptualización binaria y heteronormativa contagia y recorre todas las etapas del proceso de investigación demográfica, desde el planteamiento de hipótesis al diseño de las herramientas de recolección de datos a la construcción de variables e indicadores, pasando por la interpretasción de los resultados. La principal consecuencia es el refuerzo de una imagen uniformadora de la «población» en lo que respecta a las identidades sexo-genéricas, que privilegia los patrones mayoritarios y oculta el resto.

Los motivos de la persistencia del binarismo y heteronormatividad en los estudios demográficos son múltiples, aunque en gran medida tienen que ver con su esencia positivista, la cual dificulta el cuestionamiento interno de sus bases epistemológicas. El halo de ciencia objetiva, neutral y generalizable sirve de pretexto para no sistematizar la autocrítica sobre su papel en la construcción de la realidad social y las desigualdades que atraviesan a las poblaciones. La sofisticación técnica se ha priorizado por encima de la reflexividad teórico-conceptual, complejizando el registro y la producción de datos, pero manteniendo intactas las categorías utilizadas en ese proceso. El «cómo» sigue siendo más relevante que el «qué», el «porqué» y el «para qué». Esto no es ninguna anomalía en las ciencias positivistas, puesto que, como ya explicaron Fuchs y Ward (1994), es menos probable que las disciplinas relativamente estables, con recursos y redes profesionales sólidas, y encaminadas a producir conocimiento «objetivo», se cuestionen sus premisas o enfoques. Sin embargo, la reflexión epistemológica sería un ejercicio esencial si la demografía quisiera participar en la comprensión de la diversidad sexo-genérica. Además, la falta de reflexión teórica conduce irremediablemente a cierta inercia conceptual. Algunos de los conceptos que utiliza la demografía se toman prestados de otros campos de estudio cuando estos ya están relativamente asentados. Lo vimos en el caso del género, que solo comenzó a contemplarse como elemento explicativo de los procesos demográficos después de décadas de discusión en los estudios feministas.

Afortunadamente, no todo es resistencia al cambio. Demógrafas como Nancy Riley (1999) o Veronique Petit (2013) se han desmarcado del positivismo epistemológico de la demografía hegemónica, problematizando la ausencia de cuestionamiento interno sobre cómo, quién y para qué se produce el conocimiento demográfico. En la misma línea, el paradigma de la demografía crítica —critical demography en el mundo anglosajón (Horton, 1999) llamada «demografía de la desigualdad» en América Latina (Canales, 2021)—, ofrece un nuevo marco epistemológico que sí deja espacio para la incorporación del debate sexo/género en la producción de datos y estudios demográficos. Este paradigma explicita la diferencia entre dominantes y dominados en la estructura social, asumiendo que el desigual reparto de poder condiciona los procesos demográficos. Además, plantea que la demografía opera como un poder-saber en términos foucaultianos, tanto a nivel institucional, mediante el recuento y registro de datos poblacionales por parte de la Iglesia y/o el Estado, como discursivo (Ortega, 2023). En este sentido, el paradigma de la demografía crítica permite revisar el significado y el alcance del dato demográfico, así como la misma noción de población (Le Bras, 2000), concebida como un concepto político e ideológico que replica las cosmovisiones y metadiscursos de cada época histórica. Por todo ello, el paradigma de la demografía crítica se postula como el marco idóneo para aproximar la diversidad sexo-genérica desde una óptica demográfica.

En un escenario donde el sexo, el género y las sexualidades se encuentran en plena redefinición como categorías analíticas, es muy difícil aventurar cuál será el futuro de la demografía en el estudio de la diversidad sexo-genérica. Más aun teniendo en cuenta que no todas las posturas respaldan la revisión de las categorías utilizadas en los análisis. Las propuestas más conservadoras consideran que trasladar el debate sexo/género a las ciencias positivistas supone ideologizar un conocimiento hasta ahora neutral, como si obviar o negar la existencia de la diversidad sexual y de género no fuera un posicionamiento ideológico en sí mismo. Los argumentos conservadores se apoyan en la falta de eficacia de las herramientas de medición, y en que los colectivos LGTBIQ+ son difícilmente detectables en términos poblacionales. La réplica a estas afirmaciones es que las ventajas y desventajas de cada diseño de recogida de información aún no están claras, por lo que no es posible certificar categóricamente su ineficiencia. Los diseños fallidos son parte del proceso de ensayo-error que conlleva el perfeccionamiento de cualquier herramienta de recolección de datos. Además, como recuerda Jen Jack Gieseking (2018), la obsesión de la sociedad por los grandes números oprime a las minorías al crear la falsa norma que indica que estas nunca serán susceptibles de ser medidas. Algunas soluciones en este sentido pasan por aumentar el tamaño total de la muestra, utilizar un sobremuestreo de personas LGTBIQ+ o muestras complementarias (booster samples), y la realización de encuestas específicas dirigidas a esta población (Sell, 2017; Fischer et al., 2022).

Lo más probable es que la demografía se vaya involucrando en la investigación cuantitativa sobre la diversidad sexual y de género movida por el empuje de la interrelación entre la producción de datos y los debates abiertos en la sociología cuantitativa. Para entonces, debe estar dispuesta a someter a examen algunas de sus bases epistemológicas, sistematizado algunas cuestiones; «debe ser emancipadora, debe tener una base teórica, debe reconocer sus fundamentos políticos y debe incorporar la reflexividad sobre la influencia de la posición social en el conocimiento producido» (Williams, 2010, p. 204). El ejercicio de reflexividad en los estudios demográficos contribuirá, en un plano más amplio, a resignificar el propósito de las técnicas cuantitativas, acabando con su leyenda negra como instrumento de poder y generador de desigualdades.

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[1] Se denomina «cisheteronormatividad» al sistema de creencias que asume la existencia de solo dos sexos (hombre y mujer) y dos géneros (masculino y femenino), siendo la heterosexualidad la única orientación sexual social y culturalmente aceptada. Bajo estos parámetros, estas identidades serían las únicas formas «normales» y «correctas» de existir.

[2] Las siglas LGTBIQ+ designan al colectivo lésbico, gay, bisexual, trans, intersexual, y queer, añadiendo a través del símbolo «+» cualquier otra identidad no englobada en las anteriores.

[3] La demografía, como cualquier disciplina científica, está sujeta a tensiones internas sobre los límites de su objeto de estudio y cómo abordarlo. El debate «estudios de población vs. demografía» es un buen ejemplo de ello (Caldwell, 1996). Sobrentendiendo esto, cuando este artículo habla de «demografía» se refiere a su versión más ortodoxa y extendida, la cual se caracteriza por mantener un enfoque técnico, cuantitativo, y macro, presentándose como una disciplina neutral y objetiva.

[4] El carácter positivista y cuantitativo de la demografía es fundacional. Su origen como ciencia aplicada se sitúa en la aritmética política de los siglos xvii y xviii, cuando figuras como John Graunt y William Petty, al sistematizar el análisis de la mortalidad elaborando las primeras tablas de vida, Johann Peter Süßmilch, al examinar la relación entre los nacimientos de hombres y mujeres, o Antoine Deparcieux, pionero en análisis de la supervivencia, sentaron las bases para que los asuntos relativos a la población se abordasen mediante métodos numéricos. El interés de la disciplina por los métodos y datos cualitativos existe (Randall y Koppenhaver, 2004; Strong et al., 2023), pero es totalmente anecdótico.

[5] El enunciado de la pregunta y las categorías de respuesta figuran en el idioma original para una mejor comprensión del sentido del enunciado y las categorías de respuesta.

[6] Este tipo de datos también se han denominado Sexual orientation, gender identity, and sex characteristics data (SOGISC data). Debemos tener en cuenta que, al tratarse de un objeto de estudio novedoso y en pleno desarrollo, no hay un consenso terminológico, y que las diferentes comunidades y disciplinas han utilizado otras etiquetas para definir este tipo de datos: QUEER data, Sexual and Gender Diversity Data, SOED Data (Sexual Orientation and Gender Expression or Diversity Data), SOGIESC data (Sexual orientation, gender identity, gender expression, and sex characteristics data), etc.